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El gueto versus el ‘college’

El gueto versus el ‘college’
Panamá inició un ciclo mundialista con una nueva generación de jugadores. Archivo

Hoy termina la clasificatoria para el Mundial de Catar 2022. Por la región de la Concacaf, Canadá vuelve a un mundial luego de 36 años de ausencia.

Estados Unidos regresa tras haber faltado desde hace 8 años. México mantiene su histórica participación contínua y muy posiblemente Costa Rica retorne a los mundiales después de 8 años de ausencia. Entendamos que Italia no irá al mundial. Esto significa que nadie tiene su puesto asegurado en la competencia.

Panamá inició un ciclo mundialista con una nueva generación de jugadores que no tenían historia como equipo. A medio camino se quedaron sin director técnico y en medio de la pandemia consiguieron un milagro, un director técnico que los entendía y los hizo crecer a pesar de sus grandes carencias.

En casi dos años, Thomas Cristiansen los puso a punto de volver a una cita mundialista. No fue la derrota con Estados Unidos, escandalosa de por sí ni tampoco el juego robado por un terrible arbitraje en el estadio Azteca lo que nos sacó del Mundial. Fueron los puntos perdidos con El Salvador, Honduras y por supuesto Costa Rica.

A nivel mundial hay una gran transformación del fútbol como deporte competitivo. Los hijos de las favelas, las villas miserias, las casas condenadas o los barrios de invasión se tienen que enfrentar cada vez más con los hijos de la clase trabajadora y clase media, que fueron a escuelas públicas con excelentes programas de educación física y deportes de equipo, que luego fueron becados para asistir a universidades con destacadas trayectorias deportivas, participando en torneos regionales o intercolegiales, luego se enfrentaron a las etapas clasificatorias para participar en olimpiadas o torneos mundiales por categoría.

De ese amasijo de sistema público de educación, alianzas público privadas, y muchas becas, salen algunos de los mejores jugadores de todo el mundo. Muchos incluso no continúan con el deporte profesional porque las ofertas académicas y las oportunidades de trabajo son mucho más atractivas.

A los chicos de Panamá los sacó del Mundial, lo mismo que también sacó a grandes atletas panameños de las olimpiadas, los Juegos Panamericanos, los torneos centroamericanos, y hasta del ocasional campeonato nacional: La ausencia de una política pública de educación física, formación en deportes, y desarrollo humano en esas disciplinas.

Estoy seguro que a ningún jugador de Canadá o de Estados Unidos, lo paró un policía después de cualquier juego, para registrar su carro y preguntarle por qué volvía a su hogar. Me imagino que ningún jugador canadiense tiene que preocuparse de una balacera, o de cómo saca a su familia adelante.

Los jugadores panameños que fueron al Mundial en el 2018 lo hicieron a punta de grandes sacrificios personales, de algún apoyo tardío de la empresa privada y de mucha suerte. Recuerdo años atrás que luego de un torneo internacional en el que Panamá tuvo un papel destacado, uno de los jugadores principales tomó el dinero de su esfuerzo para comprar una casa nueva a su familia, era una casa con piso de tierra, porque eso era lo que podía pagar. ¿A todos esos campeones que les hemos dado?

Una vez me encontré con un excampeón de boxeo que estaba de “bien cuidao”. En otra ocasión me topé con un bailarín de danza clásica necesitado de dinero para acudir a una presentación en la que representaría al país. ¿Cuántos papás, hermanos, amigos, vecinos han hecho rifas, matanzas o vendido comidas para apoyar a un atleta?

Los deportistas que pierden en otros países siguen recibiendo apoyo para que mejoren y desarrollen su capacidad. En Panamá, los pocos que logran ganar quedan en el olvido de la malquerencia y la crítica. Los muchachos de la sele no se quedaron, no fueron ellos los que no pudieron llegar al Mundial.

Fuimos nosotros los que no les permitimos alcanzar la grandeza. La cuna de campeones solo funciona cuando hay quienes cuidan que los infantes coman bien, duerman mucho, tengan un buen techo, vayan a la escuela y tengan las mejores opciones para entrenarse y capacitarse. Con lo que gastan los diputados tendríamos para un equipo olímpico de primera en cada deporte, y nuestros jugadores serían el pilar de una sociedad de mérito y no del juega vivo.


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