De los gobiernos que ha tenido Panamá en el siglo XXI, el del expresidente Martín Torrijos Espino (2004-2009) ha sido el mejor hasta la fecha.
Se metió con la Caja de Seguro Social para enrumbarla, actuación que nadie más repitió desde entonces. Manejó muy prudentemente las finanzas del Estado, lo que permitió que el país alcanzara superávit fiscales por varios años (hazaña que no se ha vuelto a repetir). Se embarcó en la ampliación del Canal de Panamá como un proyecto de Estado y empujó la modernización de la justicia penal con la aprobación del Código Procesal Penal y del nuevo Código Penal.
Sus designaciones a magistrados de la Corte Suprema, a las procuradurías y a otros órganos fueron bastante aceptables.
Por otra parte, el expresidente Torrijos inició la relación del Estado panameño con la empresa brasileña Odebrecht para los proyectos de la Cinta Costera, el Programa de Riego Remigio Rojas y la Autopista Panamá Colón.
Su gobierno eliminó a la Policía Técnica Judicial, militarizó a los cuerpos de seguridad pública y aceleró la apertura del mercado de alimentos a la importación, sin que el sector agropecuario estuviera listo para ese proceso.
Como guinda del pastel, se debe recordar la reducción de impuestos a la carta, que facilitó la compra del Banistmo por el HSBC, un regalo de unos 400 millones de dólares.
Los silencios
Luego de su salida de la presidencia en el año 2009, el exmandatario tuvo una participación muy limitada en la política nacional. El Tribunal Electoral le tiró la toalla de un fuero penal electoral que lo salvó de un proceso ante la justicia. El expresidente tampoco hizo mayor campaña por los candidatos del PRD en el 2014 y en el 2019.
Aunque desde hace meses se rumorea su regreso a la política, su salto del PRD al Partido Popular es una estocada para el partido que lo llevó a la presidencia.
Para el Partido Popular se le repite el escenario que en 1989 vivió la Democracia Cristiana y en el año 2004 aprovechó el partido Solidaridad: una postulación presidencial que puede convertirlo en el partido más grande de la política panameña.
En el año 2004, Martín Torrijos recibió 711 mil 164 votos, lo que equivalió al 47% de la votación. Torrijos corría como candidato de oposición al gobierno de la panameñista Mireya Moscoso (1999-2004).
Ahora en la práctica, Torrijos volvería a correr como candidato de oposición, ya que el Partido Popular no está en gobierno y el exmandatario se ha mantenido lejos de la gestión de gobierno del mandatario actual Laurentino Cortizo, quien fue también su ministro de Desarrollo Agropecuario.
¿Qué trae Martín Torrijos? Su alforja viene con la expectativa de que atraerá cientos de miles de votos de torrijistas desafectos, otras decenas de miles de votos de populares hambrientos por tener un par de ministerios, una sabrosa Lotería Nacional, quizás un puñado de embajadas, además de diputados alcaldes y representantes de corregimientos, junto a una suculenta representación en el Parlacen.
Esos dos bloques de votos no son suficientes. Para ganar, Torrijos necesitaría que el 80% del PRD lo siga y que unos 250 mil votantes independientes y de otros partidos lo respalden. Aunque en términos relativos Torrijos cuenta con una buena imagen, sigue teniendo algunas explicaciones pendientes como Odebrecht o República Dominicana.
El tema principal de la campaña del 2024 es la lucha contra la corrupción, acompañada de la recuperación de la economía y la restauración del Estado democrático libre de la captura de los diputados y del crimen organizado.
En todos estos temas, Martín Torrijos tendría que enfrentarse con su gente, con el músculo del PRD y con una clase de diputados que no son los que conoció.
La postulación de hoy es otra apuesta electoral que agrega un nuevo capítulo a la vida política de Martín Torrijos. En la balanza, y por tanto en la responsabilidad de los candidatos, está la posibilidad de que se repita otra vez la elección de 1994 y el voto se divida, beneficiando a Ricardo Martinelli. Si la apuesta es que la justicia de aquí o la de allá lo sacará de la carrera, ese es un salto de fe que no merece el país.
Panamá necesita un frente unido contra la corrupción y el clientelismo. Frente a esos vientos, el Partido Popular y Martín Torrijos solo llevan agua para su propio molino.

