El 25 de mayo pasado el Ministerio de Ambiente le dio su visto bueno al proyecto de explotación minera de cerro Quema al aceptar el estudio de impacto ambiental categoría III que había sido presentado en el año 2015.
La concesión de la mina de cerro Quema fue otorgada en el año de 1997, y expiró en el año 2017. El gobierno del mandatario Juan Carlos Varela no canceló el proyecto, y este consiguió su estudio de impacto ambiental con una concesión vencida. ¡Viva la seguridad jurídica!
El 30 de mayo de este año, el gobierno nacional declaró una emergencia ambiental en razón de la falta de agua en el país. Se asignaron 35 millones de dólares, una cantidad verdaderamente insignificante para enfrentar el problema. Se repartieron los fondos entre el Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados Nacionales, el Ministerio de Ambiente, y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario principalmente. Estos fondos no van a alcanzar para garantizar la seguridad alimentaria de la población, y mucho menos para obtener la seguridad hídrica de que en el próximo año haya suficiente agua para el aseo personal, la actividad agrícola, la generación de energía, o la operación del Canal de Panamá.
Con esta evidente necesidad de conservar agua, la autorización minera es imperdonable. El principal insumo de la minería metálica a cielo abierto es el agua. En la provincia de Los Santos, donde se quiere desarrollar la explotación minera de cerro Quema, hay escasez de agua. A pesar de esto, la minera tendrá a su disposición los recursos hídricos de los ríos Oria y Tonosí.
Según la descripción del proyecto minero, se van a extraer 81 mil onzas de oro anualmente. Para esto hay que triturar 10 mil toneladas de roca todos los días. Para producir un gramo de oro se necesita triturar más de una tonelada de roca y luego aplicar cianuro, para obtener el metal en una condición más favorable para su procesamiento.
El cianuro es uno de los peores venenos que existen. El equivalente a 5 granos de arroz basta para matar a un ser humano adulto. Disuelto en el agua de los ríos, el cianuro puede matar peces, camarones, cangrejos, tortugas, cocodrilos, aves, y por supuesto a los corales y a la vegetación cercana. El riesgo del cianuro en la provincia de Los Santos puede significar una amenaza mayúscula a la pesca, a la ganadería, a la producción de arroz o de maíz, y por supuesto al turismo. Nadie va a ir a visitar playas llenas de animales muertos, algas podridas, y vegetación envenenada. Nadie irá a nadar a playas con agua envenenada.
Por si fuera poco, el cianuro disuelto en agua tiene la mala costumbre de infiltrar las capas subterráneas del suelo, llegando a contaminar el agua de los pozos. Como se trata de una explotación en la parte alta de la cordillera santeña, su impacto se extendería al suroeste de Veraguas (Mariato y Quebro) y hasta parte de la provincia de Herrera. ¿De dónde sacará agua la mina cuando haya sequía y los ríos no tengan caudal? Por supuesto que de los pozos.
El proyecto tiene una vida útil de 6 a 7 años e implica una concesión de casi 15 mil hectáreas. Se estima que la inversión será por un monto de 211.7 millones de dólares para producir un total de 489 mil onzas de oro y 399 mil onzas de plata. Entre la construcción y la operación de la mina se puede hablar de 300 empleos. El Estado podría estar percibiendo en concepto de regalías unos 38 millones de dólares por toda la vida del proyecto.
El carnaval de Las Tablas, en 5 días, genera un movimiento económico superior a los 200 millones de dólares. El desfile de las Mil Polleras, en la tarde de un solo sábado del mes de enero, produce 25 millones de dólares en actividad económica. Esos dos eventos producen más dinero que la minería, sin causar el envenenamiento del ambiente o el acaparamiento del agua. Es obvio que lo que persiguen los promotores de la minería metálica a cielo abierto en Panamá no es el desarrollo nacional, sino por el contrario, están persiguiendo el aprovechamiento −casi gratis− de los recursos de todos los panameños. La ganancia se vuelve ajena y el dolor de cabeza nos quedará a todos nosotros.
La pésima propuesta de contrato ley con Minera Panamá, y ahora el proyecto de cerro Quema, nos gritan a los cuatro vientos que el país está abierto a cualquier negocio. En el año de Hidalgo, todo está en venta al mejor postor: Donoso, Cerro Quema, Remance, Chorcha, y hasta Cerro Colorado. El año pasado el país se prendió por la situación económica, por favor no lo enciendan con la situación ecológica.

