El traslado de migrantes y el interés nacional de Panamá

El traslado de migrantes y el interés nacional de Panamá
En el mes de julio Panamá atendió aproximadamente 19,142 migrantes.Migración, inmigrantes. Agustín Herrera

Decenas de miles de migrantes arriesgan sus vidas y se someten a todo tipo de abusos, ultrajes y formas de corrupción para cruzar el istmo de Panamá, luego Centroamérica, para enfrentarse a las durísimas condiciones de México y jugársela en la frontera con Estados Unidos.

En esta ruta de la piratería moderna, una proporción importante de migrantes mueren en el intento, fracasan por algunas de las múltiples condiciones del periplo, o se convierten en esclavos laborales y sexuales de las mafias que campean en la ruta.

Esta historia no es nueva y demuestra el rotundo fracaso del sistema internacional de atención a las migraciones. También demuestra que hay intereses perversos que han distorsionado por completo las agendas de derechos humanos y la defensa de los intereses nacionales de Panamá.

Los migrantes cubanos, etíopes, nepalíes, nigerianos y por supuesto haitianos, no son extraterrestres. Sus desesperados recorridos empezaron bien al sur. De alguna forma pagaron un pasaje de avión, consiguieron un cupo en un barco pesquero o se metieron en algún programa de intercambio laboral o de cooperación entre los países. En todo ese camino hay bastante corrupción y mucha complicidad de esos gobiernos sudamericanos.

Luego está el caso particular de Colombia. No entiendo cómo un grupo de migrantes puede entrar por Cúcuta (frontera con Venezuela), o el Putumayo (frontera con Ecuador), para cruzar longitudinalmente toda Colombia para llegar a una esquinita desde la cual, coyotes o narcotraficantes, los enrumbarán para que el Senafront y el Estado panameño le hagan muy rentables el negocio del tráfico de seres humanos. Un suculento negocio en el que tiene que haber beneficio para políticos de todas las estirpes, por su acción u omisión.

En el mes de julio Panamá atendió aproximadamente 19,142 migrantes. En el último pueblo del lado colombiano, Nacoclí, los migrantes deben esperar semanas para que lanchas atestadas los lleven hasta el punto más cercano a la ruta hacia el Darién. Por esta gracia pueden cobrar hasta 100 dólares por persona. Quiere decir que los clientes del mes de julio dejaron casi 2 millones de dólares en pasajes de lanchas.

Según los reportes internacionales, los pueblitos de la zona noroccidental de Colombia viven de la explotación de los migrantes, ya que todo, desde la comida hasta los artículos de aseo para sobrevivir el Darién se venden a precios inflados. Todo esto lo saben las autoridades colombianas, pero no hacen nada sobre este tema. Los migrantes son presa fácil de violadores, ladrones y estafadores.

Los intereses nacionales de Panamá

En la repartición de panes y peces de la competencia sobre la provincia de Darién, las élites políticas pactaron con el Pentágono para que el Senafront fuera otro refuerzo más en la guerra de guerrillas colombiana, panameñizando un problema de seguridad del otro lado de la frontera. En National Geographic se mostró hace unos meses atrás, un documental sobre unas unidades de los Boinas Verdes de Estados Unidos, en Metetí Darién, aplicando pruebas biométricas y entrevistando a los migrantes que cruzan Darién para detectar terroristas.

El Senafront me dijo, que lo de Metetí lo hacen ellos únicamente y no hay presencia estadounidense. Aunque así fuera, el asunto tiene muy poco que ver con la seguridad nacional de Panamá. Nos han convertido en el vestíbulo de la oficina de migración de los Estados Unidos.

Ahora que el asunto hace crisis en Colombia, y le pinta otro ojo morado al gobierno de ese país, todos los demás tenemos que correr.

Sería bueno que ahora que Colombia si quiere sentarse a negociar con Panamá, le recordemos los fallos de la Organización Mundial de Comercio que no han querido cumplir, el bloqueo de la zona Libre de Colón, y el álgido tema de la repatriación de los privados de libertad colombianos en las cárceles panameñas, quienes tienen un derecho humano de retornar a su país de origen para terminar su sentencia, pero que el Estado colombiano se ha negado a recibir.

En la buena diplomacia, como en la vida, los buenos tratos se hacen cuando todas las partes se benefician. Así, la élite colombiana entenderá que es hora de resolver el negocio del tráfico de migrantes.


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