Joe Biden es prácticamente el presidente electo de Estados Unidos. El demócrata de 77 años, cumplirá 78 a finales de este mes, se puede convertir en el presidente No. 46 de la historia de Estados Unidos.
Todo esto, claro está, si las impugnaciones de Donald Trump y los necesarios recuentos de votos en algunos estados en los cuales el margen ha sido demasiado estrecho, no dicen lo contrario.
El triunfo de Biden con la mayor cantidad de votos jamás recibida por un candidatura presidencial, cerca a los 75 millones, oculta la verdadera historia de la elección del 3 de noviembre pasado: los republicanos ganaron la elección, y muy posiblemente le dieron su voto a Biden.
A pesar de que todo estaba en contra del Partido Republicano por la pandemia, los disturbios raciales y la gran movilización electoral demócrata, los republicanos mantuvieron el control de todos los gobiernos estatales que tenían, sumaron una gobernación, ganaron nuevos representantes y, por el momento, mantienen el Senado.
En esta elección, los demócratas recaudaron 4 dólares por cada dólar republicano y contaron con el apoyo no tan discreto de grandes cadenas de televisión y otros medios digitales. Aun así, no fueron capaces de evitar la supresión de votos en estados como Florida (más de un millón de votos afroestadounidenses suprimidos), Texas donde otros cientos de miles de votos latinos no pudieron llegar a las urnas, y Georgia, estado en el cual, casi un millón de afroestadounidenses fueron purgados por las autoridades republicanas del padrón electoral.
Si los demócratas le hubiesen puesto más atención a los puertorriqueños de la Florida o a los latinos de Texas, esos estados hubieran podido cambiar la historia legislativa de lo que será un gobierno muy dividido, ya que con el Senado en manos republicanos, Biden verá limitada su capacidad legislativa y de obtener nombramientos clave para renovar un órgano judicial conservador.
Los más de 70 millones de votantes de Trump no se van para ninguna parte. Seguirán disponibles para que el siguiente demagogo o encantador de serpientes los movilice.
Aunque los números de votantes son impresionantes, en realidad deja mucho que decir. En Estados Unidos hay unas 240 millones de personas mayores de 18 años. De ese universo votaron 100 millones antes de las elecciones y un poco más de 50 millones, el día 3 de noviembre.
Eso es algo más del 62% del voto. Ese ha sido el promedio de las elecciones controvertidas de las últimas décadas. Es un misterio el por qué casi 90 millones de estadounidenses no votan. Por supuesto, existe la supresión de hecho, y por un mal derecho practicado por los republicanos, pero eso no explica el resto de los votos que no fueron emitidos.
Si el 2020 no hubiera tenido pandemia probablemente Donald Trump hubiese sido reelecto. Biden es un candidato extraordinario, de los que no están disponibles para cada elección. Esa es quizás la más importante lección de este torneo electoral. Hay que tener mucho cuidado con las democracias porque el virus del populismo puede contagiar a una gran parte de la población y se puede perder casi 250 años de historia.
Joe Biden será un presidente de transición; el hombre de más edad que haya ocupado la Casa Blanca, si las votaciones a su favor se confirman. Es muy posible que Kamala Harris, la primera mujer en ser electa vicepresidenta en 246 años de historia, deba asumir la presidencia de Estados Unidos, por la avanzada edad de Biden, o que en el mejor de los casos sea la candidata demócrata en el 2024. En ese año, los seguidores que hicieron posible la elección de Trump, pueden volver a las urnas.

