Algunos años atrás, nos enteramos que HP significaba Harry Potter. Luego, se nos informó que las iniciales HP correspondían al nombre de una banda criminal que azota a Panamá Este, Humildad y Pureza. Ahora, si el proyecto de ley 638 se transforma en norma jurídica, HP significará: “Historiador Profesional”.
La urgente necesidad de aprobar una ley para los historiadores panameños radica en el fenómeno de que a la población panameña la han des-educado, y no conoce ni le interesa su historia.
La cual se resume al mundo “feliz” de Colón, Vasco Núñez de Balboa trepado en un mapa mundi, a las Ferias de Portobelo, Rufina Alfaro, el Estado Federal, la Batalla del Puente de Calidonia, el fusilamiento de Victoriano Lorenzo, llegó Matea, el Hay Bunau Varilla, el golpe de Acción Comunal, el gobierno de Arnulfo Arias, el asesinato de Remón Cantera, el 9 de enero de 1964, el 11 de octubre de 1968, el Tratado Torrijos Carter, la invasión, la reversión del Canal, la ampliación del Canal y las cartas de Rubén Blades.
La trivialización de la historia como una repetición de efemérides y la memorización de eventos ha contribuido a producir una sociedad alienada, sin cohesión ni identidad. Sin embargo, una ley para los historiadores no resuelve esto. Esa ley busca resolver otro problema, el del desempleo de los graduados de carreras humanísticas de la Universidad de Panamá.
Nótese que el proyecto de ley, en su artículo 9, no quiere que los graduados de historia sean homologados a los licenciados de educación para que puedan ser profesores de historia. No, la jugosa fuente de empleo son los “multimillonarios” museos y archivos del país, los que –según el artículo 11– deberán tener un historiador de planta a los dos años de entrar en vigencia esta ley.
¿Por qué hay que hacer una ley para conseguirle trabajo a los historiadores? Dejo a la imaginación las posibles respuestas. Quienes hicieron el proyecto de ley no saben nada de historia ni de museos. Muchos de los grandes historiadores de este país no estudiaron la disciplina: Justo Arosemena, Juan B. Sosa, Manuel F. Zárate, Rodrigo Miró, Dora Pérez de Zárate, Ligia Herrera, Stanley Heckadon, Guillermo Castro, y tantos otros y otras. ¿Qué sería del conocimiento urbanístico sin el arquitecto Samuel Gutiérrez? y qué decir de la investigación de Reina Torres de Araúz y sus discípulos?
La educación panameña debió tener una reforma integral hace mucho tiempo. La Universidad de Panamá tiene por lo menos medio siglo de retraso en sus planes de estudio. Si por ejemplo se permitieran las dobles licenciaturas, un estudiante de Arquitectura podría estudiar Historia a la vez.
Un estudiante de Medicina podría complementar sus estudios con Psicología, o estudiantes de Derecho podrían enriquecer su visión del mundo con Relaciones Internacionales, Trabajo Social o Sociología. Nada de esto se puede hacer en la Universidad de Panamá. Tampoco se pueden hacer investigaciones interdisciplinarias a nivel de licenciaturas que obliguen a un estudiante de Economía a juntarse con una de Enfermería y otra de Arquitectura para analizar el problema de la ubicación y funcionamiento de los centros de salud.
Ya varias carreras han desaparecido de la Universidad de Panamá. Este proyecto de ley busca evitar que a la licenciatura de Historia, le pase lo de Geografía Profesional o Antropología. Leer el proyecto de ley 638 es como si se hiciera una batalla por mantener a las máquinas de escribir manuales en esta era digital. En vez de salvar a la historia, están condenando a los historiadores jóvenes a la mediocridad de un puesto burocrático y aburrido. En vez de comerse al mundo, terminarán esperando que sea la hora de salida para volver a sus hogares, y decir lo rutinario que es el trabajo de un historiador.
El sistema los quiere convertir en unos HP, y algunos de ellos se sienten realizados por ello. No podemos tolerar tanta mediocridad.

