La Flautista de Nueva York

La Flautista de Nueva York
El alcalde de Nueva York, Eric Adams, designó a Kathleen Corradi como “directora del programa de reducción de roedores”. Pixabay/Yugo fuchiwaki

De niño vivía en un chalet en Campo Alegre (Bella Vista). Detrás del patio pasaba la quebrada Iguana, un pequeño afluente del Río Matasnillo y al costado derecho de la casa había un terreno baldío. Explico esto para justificar el hecho de que periódicamente teníamos que pelear con ratones.

Algunas veces en el techo, otras veces en la cocina y otras veces más escondidos en el forro de los sillones, o incluso dentro del piano que tocaban mis hermanos. Como teníamos mascotas y gallinas, no se nos ocurría usar pesticidas contra los roedores, por lo que el arma de combate eran trampas de madera. Basta decir que terminamos mudándonos a un apartamento.

Un día en la isla de Taboga, turisteando con unos amigos, nos sentamos en unas mesas bajo una sombrilla para refrescarnos mientras aparecía la lancha que nos devolvería a la ciudad de Panamá. Como si se tratara de una cómica, un enorme perro iba corriendo a toda velocidad y detrás de él iba una atlética gallina que corría a todo lo que sus pequeños pulmones podían dar. Nos reímos porque pensamos que la gallina iba persiguiendo al perro, pero entonces nos dimos cuenta de que en realidad los dos brillantes animales iban huyendo de una gigantesca rata, fea y peluda.

Algunos otros turistas salieron despavoridos, mientras que el más valiente de nosotros tomó una escoba y se fue a pelear contra la rata. Si la lancha no llega minutos más tarde, creo que todavía estaríamos viendo la pelea con ese mamífero inmundo.

Las ratas y ratones han acompañado a la humanidad desde los albores de la creación. En algunos pueblos, a la rata se le animaba y alimentaba para que se convirtiera en un delicioso plato étnico. Mientras que en otros, se entendió la conexión entre los roedores y enfermedades. En el primer mundo, según dicen ellos, las ratas abundan en ciudades como Nueva York, París, Roma, Berlín y otras tantas.

Alguna vez saliendo de un supermercado en Nueva York, noté que había un escándalo en la calle y hasta había autos parados viendo el espectáculo de una rata halando al gato hacia una alcantarilla. En el metro de Chicago era muy común encontrarse con ratas corriendo por los rieles, avisando que venía el tren.

El combate de las ratas es una constante de la civilización. Un cuento clásico europeo habla de una solución mágica al problema de los roedores: un flautista que en el pueblo de Hamelin sacó a todos los roedores con las tonadas de su flauta. El cuento por supuesto termina mal, pero seguramente ha sido una inspiración de muchas de las iniciativas para combatir a los roedores.

El alcalde de Nueva York, Eric Adams, designó esta semana a Kathleen Corradi como “directora del programa de reducción de roedores”.

Esta selección vino luego de cuatro meses de reclutamiento de candidatas y candidatos que pudieran liderar este sanguinario esfuerzo. La profesora y experta en gestión de residuos Corradi, fue escogida porque tenía una idea brillante para disminuir la infestación de ratas en la gran manzana: recoger la basura y evitar que alimentos en mal estado se conviertan en el insumo para las ratitas.

La estrategia de mejorar los sistemas de aseo urbano suena muy inteligente, sin embargo, hay algunos obstáculos importantes. En Nueva York, como en Panamá, hay una gran población de calle que depende de abrir las bolsas de basura para obtener un ingreso e incluso alimentación. Además, los drenajes en Nueva York y su sistema de alcantarillas reciben muchas aguas residuales y filtraciones líquidas de todo tipo que no favorecen la limpieza.

Hay que entender que una comunidad sana y aseada suele estar libre de roedores. Sin embargo, la eliminación total de roedores no es posible ni tampoco es deseable. Los roedores cumplen dos funciones importantes en los ecosistemas.

La primera función es que precisamente son depredadores de todos los residuos y enfrentan a otras alimañas que son su alimento o sus contrincantes. La segunda razón es que los roedores son el alimento de otros animales como las aves, algunos anfibios y uno que otro mamífero.

Si la profesora Corradi tiene éxito controlando las ratas neoyorquinas, seguramente llegará a ser muy famosa y cuidado que hasta presidenta de los Estados Unidos. Existe otro tipo de ratas con las que tendría que enfrentarse. Nosotros en Panamá las conocemos muy bien.



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