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Las tragedias y las comedias de los eneros

Las tragedias y las comedias de los eneros
Antony John Blinken es el actual secretario de Estado de Estados Unidos. EFE

“La historia se repite en espiral” es una frase acuñada por el abogado y filósofo italiano Giambattista Vico (1668-1744) que le fue atribuida erróneamente al político panameño Arnulfo Arias Madrid.

El alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), quizás el filósofo de la historia más influyente, acuñó su propia versión de la frase del italiano, cuyo tenor fue: “la historia se repite dos veces”.

Años más tarde otro alemán Karl Marx (1818-1883) le agregó su propia contribución a la frase de Hegel para que quedara así: “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”.

El 20 de enero del año 2009, a eso de mediodía en la residencia oficial de la embajada de Estados Unidos en La Cresta, la entonces jefa de la misión diplomática, Barbara J. Stephenson, hizo un maridaje entre los entonces candidatos presidenciales Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela.

Mientras se hacía el acto de toma de posesión del presidente demócrata Barak Obama (2009-2017), doña Barbara cumplía con las instrucciones republicanas de evitar la elección presidencial de Balbina Herrera. Lo más probable es que Ricardo Martinelli habría ganado sin ayuda esa elección, pero los republicanos querían estar seguros del castigo electoral al PRD. Quizás la intención era enviarle un mensaje al chavismo de que Panamá “no se toca”, o tal vez agradecerle a Balbina por su cálido recibimiento del presidente Bush padre, 17 años antes.

Logrado el propósito electoral –según la filtración de cables diplomáticos de Wikileaks– la embajadora Stephenson se quejó meses más tarde que el recién estrenado presidente Martinelli le había pedido en julio de 2009 cooperación para usar las máquinas pinchadoras de la DEA para otros fines. “Necesito ayuda con la intervención de teléfonos”, fue lo que Martinelli le envió a la embajadora por mensajería telefónica, según las filtraciones.

El 22 de agosto de 2009, la entonces embajadora envió un informe confidencial al Departamento de Estado, en el que señaló al presidente Martinelli por su “tendencia al acoso y al chantaje”. Aunque la reunión personal con el presidente Obama se dilató, la visita a la Casa Blanca se dio, y Panamá fue premiada con la aprobación del tratado de libre comercio. Ya había pasado la masacre de la “Ley Chorizo”, estaba muy madura la relación con Odebrecht, FCC y las demás. Estaban por venir la desaparición de Vernon Ramos y la compra del sistema Pegasus. Al final de su mandato en el año 2014, Martinelli había casi duplicado la deuda pública de Panamá, hazaña que está en vías de ser igualada por la administración del actual presidente Laurentino Cortizo.

Otro enero

El 25 de enero de 2023, el secretario de Estado Antony Blinken le dijo al mundo que Estados Unidos declaró inelegible al expresidente Martinelli para obtener una visa de entrada a su país “debido a su participación en actos de corrupción significativos” por los sobornos cobrados a cambio de contrataciones públicas durante su mandato. Esto sucedió precisamente minutos después que los dos hijos varones del exmandatario fueran devueltos a Panamá por el gobierno de Estados Unidos, luego de cumplida su condena de prisión por blanqueo de capitales de los sobornos pagados a su padre. En el recibimiento conferido a los jóvenes empresarios en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, solo faltó la Banda Republicana.

La actual embajadora de Estados Unidos en Panamá, Mari Carmen Aponte, remató al comunicado de su jefe con el suyo propio, que elabora en más detalles la denominación y termina con el grito de batalla: “Esta no será nuestra última designación en Panamá”.

Ahora, 14 años más tarde, se empieza a recoger la leche derramada. Un país gravemente herido en su institucionalidad, sepultado por una clase política mediocre y por una cantidad significativa de empresarios que vendieron su ética a cambio de los ceros en sus cuentas bancarias tiene que enfrentarse a su propia imagen en el espejo.

La acción de Estados Unidos se sabe a poco y a muy tarde. La endeble injusticia panameña –sí, esa misma que dio las fianzas de 14 millones de dólares en ausencia, y la mismita que saboteó al caso Odebrecht aceptando recursos dilatorios y medidas sin fundamento– tiene que decidir el futuro del país.

El francés Charles-Maurice de Talleyrand (1754-1838) acuñó otra frase lapidaria que pido prestada: “no han aprendido nada y, para peor, no han olvidado nada”. Así anda la clase política panameña que guardó un silencio sepulcral luego de la declaración del Departamento de Estado de Estados Unidos. Verdaderamente en ese marasmo en que se ha convertido la política panameña parece que ahora ya no hay nadie que pueda tirar la primera piedra, y la última tampoco. Sigamos haciendo como si de verdad existiera una democracia, porque así vamos de vuelta a 1968 y todo lo que ese año representó.


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