Panamá no es un país productor de petróleo y tampoco cuenta con grandes reservas de hidrocarburos para enfrentar la crisis de los precios exorbitantes que tiene el oro negro en la actualidad.
Aunque la guerra de Ucrania se acabara el día de hoy, la caída de los precios del barril del petróleo no sería tan dramática, dado que las naciones que integran la Organización de Países Exportadores de Petróleo no quieren producir más.
La ansiada reactivación de la producción venezolana puede ayudar a estabilizar los precios y a mediano plazo con el aumento de su producción deberían empezar a caer según los expertos.
Si las grandes petroleras estadounidenses abren el grifo de la producción de petróleo de esquistos eso ayudaría mucho más. Sin embargo, todo esto sigue en el mundo de la especulación.
Los altos precios del petróleo nos pegan de tres formas: la primera es con el aumento de los precios de los hidrocarburos necesarios para el transporte. La segunda forma es por el incremento de los costos de la producción de energía y la tercera se manifiesta por el aumento de los insumos derivados del petróleo,o producidos por energía proveniente de estos derivados, tales como los abonos, el cemento, el acero y otros. Esto significa una espiral inflacionaria que castiga sobre todo a los más pobres.
Las respuestas con las cuales cuenta el Estado panameño son muy limitadas. Sin embargo, una combinación de iniciativas puede ayudar a navegar esta crisis y dejar al país en mejores condiciones en materia de producción de energía, movilidad y seguridad alimentaria. Para esto hay que pensar fuera de la caja, entender nuestra realidad y reflexionar creativamente en voz alta:
1. Suspender el impuesto de los combustibles: Cada galón de gasolina paga 60 centavos de impuesto al Estado, mientras que el galón de diésel paga 25 centavos. Quitarle el impuesto los abarata un poco, pero si el aumento del precio del barril es exorbitante, la eliminación del impuesto se sentirá insignificante. No obstante, hay que hacerlo porque le permite al Estado comprar más tiempo para introducir las otras medidas.
2. Contratar instrumentos financieros de riesgo: Aunque el gobierno panameño está tarde en aplicar esta medida, todavía puede hacerlo. En el año 2008, el gobierno del entonces presidente Martín Torrijos adquirió contratos de cobertura de riesgo con los cuales pudo mitigar la escalada de los precios del petróleo de ese año. Este tipo de contrato funciona como una póliza de seguro, por ejemplo, Panamá contrata un seguro que le pagaría 300 millones de dólares si el petróleo pasa de 150 dólares el barril. Esos 300 millones serían utilizados para subsidiar el costo de la electricidad y financiar algunas de las iniciativas aquí mencionadas.
3. Acelerar la transición de la movilidad eléctrica: El golpe más inmediato que sufriremos los panameños y panameñas viene en la forma del aumento del costo del combustible automotriz. Panamá empieza a dar pequeños pasos hacia la movilidad eléctrica. La crisis de precios del petróleo debe ser una oportunidad para aumentar la electrificación de la flota vehicular panameña, eliminando todos los aranceles e impuestos a los autos eléctricos haciendo deducible del impuesto sobre la renta la compra de estos vehículos y transformando la flota de transporte colectivo y selectivo a esta modalidad. Un metro bus eléctrico no solo es menos ruidoso y más seguro, si no que su mantenimiento es más barato. Un taxi eléctrico no hace huelgas por el aumento del precio del petróleo. Con las señales apropiadas las empresas gasolineras, las distribuidoras eléctricas y otros actores del mercado construirán las estaciones de recarga que sean necesarias.
4. El regreso del gasohol: No todos los vehículos serán sustituidos con la movilidad eléctrica, así que una opción valiosa es recuperar el esfuerzo iniciado en décadas pasadas, de reemplazar un porcentaje de la gasolina y del diésel por etanol. Esto no solo abarataría los combustibles sino que dejaría más divisas en el país ya que la fuente más probable del etanol sería la caña de azúcar. Es necesario aclarar que no todos los automóviles tienen motores capaces de tolerar la mezcla, por lo que se requiere aplicar esta medida con sumo cuidado.
5. Descongestionar el tráfico: La herencia de los “buenos” gobiernos pasados es que la República de Panamá no cuenta con el ordenamiento territorial ni con el desarrollo urbano apropiado para depender únicamente del transporte público. Se urbanizó a tontas y locas pero no se establecieron las calles, avenidas y áreas de estacionamientos apropiadas para las necesidades del país. Cabe mencionar que la semaforización inteligente nunca maduró. Todo lo cual complica la circulación en el país. Existen medidas simples de sentido común que pueden aliviar el pesado tráfico, como el abaratamiento de los corredores norte y sur para que más tráfico se desvíe evitando el pesado tránsito urbano y dedicar el tráfico por el Puente de las Américas en un solo sentido. Así, de lunes a viernes de 5 a 8 de la mañana, el tráfico sobre el Puente de las Américas ingresaría a la ciudad de Panamá, mientras que de 4 a 7 de la tarde, todo el tráfico saldría de la ciudad. Esto puede crear inconvenientes a los residentes cercanos, pero es una medida heroica.
6. Extender los horarios de atención de las oficinas de gobierno: Una parte importante del tranque diario es la necedad de las oficinas públicas de cerrar la atención a los ciudadanos al mismo tiempo que el sector privado. Si el gobierno dividiera su personal de atención de forma tal que aumenten las horas de servicio, no solo disminuye los tranques de los usuarios sino también de los funcionarios.
7. Una reingeniería del sector agropecuario: Además de las medidas antes mencionadas, el sector agropecuario se beneficiaría muchísimo de prácticas sostenibles como el compostaje de la basura orgánica para producir abonos, la implementación del control biológico de plagas y enfermedades, y el mejoramiento de las dietas de los animales de producción con una suplementación de minerales y otros nutrientes que se pueden conseguir en Panamá y en países cercanos como Colombia y México, lo que aliviaría el aumento de costos asociados a los métodos de producción tradicional, y a la importación de insumos desde Asia.
8. Llegó la era de la energía sostenible: Panamá es un país con una gran oferta de fuentes renovables de energía incluyendo la solar, la eólica, la biomasa, mareomotriz y algunas variantes de la hidroeléctrica. Decisiones de administraciones pasadas orientaron el cambio de la matriz energética panameña hacia el gas natural. Aunque esta fuente de energía tiene ventajas, también enfrenta grandes desventajas. Su costo subirá paralelamente con el aumento del costo del petróleo. Esto significa que el Estado tendrá que aumentar el gasto en el subsidio eléctrico para mantener una tarifa que de por sí ya es alta. Debemos aprovechar el momento para que se hagan más contrataciones de fuentes de energías renovables, para empezar a salir de la dependencia de los hidrocarburos. En un país impulsado por la energía solar y el viento, y con una movilidad basada en la electricidad, el transporte público y buenas aceras, no hay crisis del petróleo que nos quite el sueño.

