Ómicron no es el Armagedon

Ómicron no es el Armagedon
Es importante seguir practicando las medidas de bioseguridad para evitar la Covid-19. Archivo

La reacción inicial fue de pánico. Las principales bolsas de valores del mundo cayeron. Decenas de países empezaron a cerrar sus fronteras aéreas a los vuelos provenientes del cono sur africano. La variante identificada como B.1.1.529. fue bautizada como “Ómicron” por la Organización Mundial de la Salud. Esa no era la letra griega que le correspondía, porque había dos letras anteriores que fueron descartadas por problemas fonéticos, una porque se parecía a la palabra inglesa que significa “nuevo”, y la otra, por su parecido a un apellido muy común en China.

Aunque la Ómicron fue descubierta en África del Sur por la doctora Angelique Coetzee, su origen no está claro, ya que en Holanda se han podido encontrar muestras anteriores al descubrimiento hecho en Sudáfrica.

La variante fue descubierta por Coetzee como de rápido contagio y de muchas mutaciones sobre la variante Delta, actualmente dominante en el mundo.

De comprobarse que Ómicron viene de África, sería la más clara confirmación del alto costo del egoísmo de los países desarrollados que, como la Unión Europea y Estados Unidos, acumularon sus vacunas, y que en algunos casos tuvieron que destruir decenas de millones de dosis, por la cercanía a su fecha de expiración.

Estos países prefirieron garantizar la cobertura más allá del total de su población que contribuir a la vacunación en los países más pobres del planeta.

Según BBC News Mundo, Ayoade Olatunbosun-Alakija, directora de la Alianza Africana para la entrega de vacunas, dijo que esta situación “... es el resultado inevitable de acaparar vacunas y dejar a África por fuera”.

La pandemia de la Covid-19 es un problema global, así que solo saldremos de esta globalmente.

Todavía la ciencia no tiene claridad sobre la variante Ómicron y sus verdaderos efectos. Incluso, si fuera tan peligrosa y virulenta como se pinta, tenemos un arsenal de conocimientos y capacidades que no teníamos hace dos años cuando empezó la pandemia:

1-) La Ciencia ya sabe cómo enfrentarse a la pandemia, y ese conocimiento lo maneja el personal de salud perfectamente

2-) Los ciudadanos saben cuidarse ante los contagios con distanciamiento físico, mascarillas, caretas, medidas de aseo personal y galones de gel alcoholado

3-) La vacunación contra la Covid-19 funciona muy bien. Según el doctor Eduardo Ortega, secretario de la Senacyt, el 90% de los fallecidos por Covid-19 –desde el 20 de enero de este año– no estaba vacunado. Si uno le suma la dosis de refuerzo, el blindaje es buenísimo.

La variante Ómicron, y cualesquiera otras que aparezcan en el futuro, son el recorderis de que hay que seguir vacunando a la población e insistir con la obligatoriedad de este requisito para más segmentos de los habitantes de este país.

Los servidores públicos deberían estar vacunados en su totalidad, al igual que el personal de salud, incluyendo el del sector privado. Aquellas prerrogativas del Estado como becas, subsidios o bonos solidarios, deben estar condicionados a la vacunación.

Actualmente hay 300 mil panameños que se pusieron la primera dosis y no la segunda; la Autoridad Nacional Para La Innovación Gubernamental sabe quiénes son. Hay que comunicarse con ellos y hacerles saber su obligación pendiente. Próximamente los niños podrán ser vacunados contra la Covid-19 a partir de los cinco años de edad. Este debería ser un requisito para entrar a las escuelas y recibir otros beneficios sociales.

La ciencia avanzada de los países más desarrollados puede crear una nueva vacuna contra la variante Ómicron en unos cuantos meses. De ser necesario aplicarse esta vacuna, bien podría repetirse todo el proceso conocido hasta la fecha. Aunque tengamos Covid-fatiga, si es necesario repetir este proceso por cada variante peligrosa que surja, que así sea.

Una vez se conozca en las próximas semanas el alcance real de la variante Ómicron, el gobierno del presidente Laurentino Cortizo deberá tomar decisiones sumamente relevantes. Es tiempo de anunciar que no habrá carnavales, y que la vacunación es obligatoria para todo habitante de este país.

Agrego yo que aquel que no quiere vacunarse vaya a una notaría y haga una declaración jurada en la que reitere que no se quiso vacunar, y cuando se enferme, la presente en el hospital de su preferencia, para que el personal de salud no pierda el tiempo atendiéndolo. Esas camas de las salas y las unidades de cuidados intensivos las merecen otras personas que no pudieron evitar su enfermedad.





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