En las semanas recientes ha cobrado prioridad el tema del agua para la operación del Canal de Panamá. El famoso tranque de barcos a la espera de su turno para cruzar la vía interoceánica puso el tema en las portadas de medios de todas partes del mundo. De alguna forma u otra, el prolongado verano 2022-2023 y el efecto de “El Niño” vinieron a acelerar una condición que ya era evidente: al Canal le falta agua.
A finales de la década de 1930, el gobierno de Estados Unidos inició la ampliación del Canal de Panamá con un tercer juego de esclusas. En aquel proyecto se había entendido que se necesitaría un tercer embalse, muy probablemente conformado por el agua de los ríos Indio, Caño Sucio y Coclé del Norte.
Un evento histórico llamado la “Segunda Guerra Mundial” detuvo el proyecto, y con posterioridad a dicha guerra, las prioridades estadounidenses se enfocaron en su conflicto con la Unión Soviética. Más de 70 años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, Panamá inauguró el tercer juego de esclusas, sin un tercer embalse de respaldo.
El embalse que no fue
En 1999, a horas de salir de su gobierno, el entonces presidente Ernesto Pérez Balladares (1994-1999) firmó la Ley 44 de 1999 por la cual se estableció una cuenca occidental ampliada para el Canal de Panamá, con vistas a satisfacer necesidades futuras de agua y bosques que la conservaran.
Un importante movimiento campesino, que contó con el apoyo de la iglesia católica, presentó una resistencia muy significativa frente a dicho proyecto, por no haber sido tomados en cuenta y porque no existía un plan para atender sus necesidades frente al desafío de perder sus casas, sus tierras y su historia familiar.
Ese error histórico de la clase política panameña, que no fue capaz de dialogar y construir una solución con los residentes del área de la cuenca de los ríos Indio y Coclé del Norte, es lo que nos ha llevado a la crisis actual.
Panamá tiene un Canal de agua dulce, lo que lo diferencia de todos los canales y estrechos marítimos internacionales. El Canal se alimenta del río Chagres y del generoso régimen de lluvias impulsadas por las corrientes oceánicas para funcionar a plenitud. Se permitió que los bosques de la cuenca del Canal se convirtieran en barriadas y centros comerciales, que cubrieron con concreto los suelos que otrora alimentaron a la vegetación tan copiosa y abundante que escudaba al Canal.
Vale decir que gran parte de la economía panameña está fundamentada directa o indirectamente sobre el Canal de Panamá. En este país, carente de una estrategia nacional de desarrollo, no se ha contemplado cómo funcionará la economía panameña cuando el Canal deje de ser competitivo y relevante. Si no resolvemos el tema del agua, se habrá acelerado el ciclo de situaciones que pueden llevar al Canal a su irrelevancia.
Una agenda del agua
Para mantener al Canal competitivo se necesita implementar una agenda nacional para resolver los problemas de agua en todo el país y de paso mejorar la competitividad del propio Canal de Panamá. A este respecto existen una serie de proyectos que nos pueden llevar en esa dirección, pero la solución no la dan únicamente los proyectos, sino mecanismos con los cuales se convierten en socios a los panameños y panameñas, y no solamete en meros espectadores.
Nótese que los proyectos a continuación deben ser ejecutados por el Estado y no por la Autoridad del Canal de Panamá. El énfasis es importante porque la atención de las necesidades fundamentales del país no es la responsabilidad del Canal sino del Estado. Así tenemos lo siguiente:
Recuperación del agua potable. La red original de distribución del agua potable para las ciudades de Panamá y Colón fue construida por el gobierno de los Estados Unidos hace más de un siglo. Luego, a partir de la década de 1940, Panamá asumió la responsabilidad por estas redes y las hizo crecer. Esas viejas tuberías de 30, 50 y hasta 100 años, tienen importantes filtraciones. Como la reparación de escuelas y hospitales no da votos, tampoco lo da la reparación de las truberías rotas bajo las calles de Colón y Panamá. Se estima que la mitad del agua potable que se produce a partir del agua del Canal se pierde. Un programa de reparaciones y de reconstrucción de estas tuberías, usando alta tecnología como radares y robots, podría en unos cuantos años devolver el 60 a 75% del agua que actualmente se pierde. Esto equivale a dos tránsitos diarios por las esclusas panamax del Canal. Este proyecto podría costar unos 200 millones de dólares.
Potabilizadora del Bayano. Al menos desde el año 2010, el Idaan ha considerado la posibilidad de construir una planta potabilizadora en el río Bayano para proveer de agua potable a las comunidades de Panamá Este. Un estudio de la Universidad Tecnológica de Panamá calculó que este proyecto podría costar unos 800 millones de dólares. Los bosques de la cuenca del río Bayano y del río Mamoní están sumamente afectados por la acción humana, por lo que habria que incluir fondos para reforestación y desarrollo sostenible del área, lo que seguramente encarecerá el proyecto. A pesar de esto, esta potabilizadora resolvería el problema de agua potable de cientos de miles de panameños, y podría aliviar la extracción intensiva de agua que hacen las plantas de Miraflores y Chilibre. El efecto de la potabilizadora de Bayano podría ser equivalente a 6 tránsitos por el Canal de Panamá.
Embalse de río Indio. Según se ha informado por el propio administrador del Canal de Panamá, el doctor Ricaurte Vásquez, el embalse de río Indio podría tener un costo de 890 millones de dólares. Por ley, la Autoridad del Canal de Panamá no puede construir embalses fuera de su área de operaciones. Se ha informado que este embalse sería muy parecido al del lago Alajuela que tiene capacidad para 666 millones de metros cúbicos de agua. El embalse de río Indio, cuando sea funcional, tendrá agua equivalente para 12 a 15 tránsitos diarios por el Canal Panamá. El proyecto de este embalse debe incluir un fuerte compromiso socioeconómico con la población que será desplazada por el embalse. Aquí es necesario hacer las cosas de manera diferente. Si el Estado construye el embalse, le puede vender el agua al Canal y con ese dinero podría financiar la atención de las comunidades afectadas por el embalse, así como un plan nacional de agua y riego para todas las provincias y comarcas. Esto significaría que a mediano plazo podríamos tener resuelto el problema del agua de todos los panameños y aumentar la competitividad de la agricultura panameña.
Gaseoducto Chiriquí Bocas Del Toro. Una de las sorpresas más agradables de la ampliación del Canal de Panamá fue el surgimiento de una nueva clientela de barcos tanqueros de gas natural licuado, provenientes de los Estados Unidos rumbo a los mercados asiáticos. La guerra de Ucrania hizo que disminuyera este tránsito por el desvío de gas natural de Estados Unidos hacia Europa, para aliviar el bloqueo a las exportaciones de Rusia de dicho combustible. El conflicto ucraniano no va a durar para siempre, y tan pronto se reanude el flujo de exportaciones de este producto energético hacia Asia, el tránsito por el Canal de Panamá de estos tanqueros volverá a aumentar. Panamá tiene una mejor opción para este negocio.
Actualmente el oleoducto transístmico está subtilizado llevando principalmente petróleo de Colombia y de otros países desde el Atlántico hasta el Pacífico. El Estado panameño es dueño del 51% de las acciones del oleoducto. Si en vez de oleoducto fuera un gaseoducto, esto atraería a los grandes tanqueros de los Estados Unidos a Panamá, movilizando tanto o más gas natural licuado que lo que puede pasar por el Canal, para que a su vez los grandes tanqueros de Japón, Corea del Sur y Taiwán vengan a Panamá a recoger el gas natural licuado.
Como país ganaríamos mucho más ya que la construcción del gaseoducto generaría muchímos empleos y actividad económica en la región occidental del país, y los ingresos del fisco por esta actividad serían importantes. Geopolíticamente el proyecto nos acercaría más a los países democráticos del Asía- Pacífico y levantaría el perfil de Panamá para la industria de los Estados Unidos.
Como un beneficio adicional, el Canal de Panamá tendría más agua y más espacio para otras cargas, en las que la ruta panameña puede empezar a tener mucha más competencia.
Los tres primeros proyectos mencionados le darían al Canal suficiente agua para al menos 20 tránsitos diarios. Suponiendo que el promedio de peajes de un tránsito es de 200 mil dólares por barco, los 20 tránsitos representan 4 millones de dólares al día, o mil 460 millones de dólares al año. Esto es casi cuatro veces más de lo que pagaría la minera al Estado panameño anualmente.
Adicionalmente, por un mecanismo en que el Estado le vende el agua complementaria al Canal, se pueden financiar programas de agua potable en todo el país, desde Darién hasta Chiriquí y desde la isla de Colón hasta Taboga.
Estos son apenas cuatro elementos para una reflexión sobre el futuro del Canal y el futuro del agua en Panamá.
El Canal no es eterno y quizás para mediados de este siglo perderá gran parte de su relevancia. Panamá debe prepararse para ese momento y mientras tanto debe hacer la tarea para maximizar la competitividad del Canal de Panamá, y la opción de la ruta panameña como la forma más segura y más rápida de mover grandes cantidades de bienes por vía marítima de un hemisferio al otro.

