En mayo de 2018, un niño pequeño colgaba de un balcón de un cuarto piso de un edificio en París, Francia. Un migrante, sin papeles originario de Mali Mamoudou Gassama, escaló con sus manos el edificio y rescató al niño. En reconocimiento por su heroísmo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, lo recibió y le otorgó la ciudadanía francesa. Los bomberos de París le dieron una pasantía de medio tiempo para que pudiera estudiar francés.
El 9 de enero de 2023, Miguel Moreno, un ciudadano panameño de 54 años en situación de calle, encontró una niña recién nacida en una bolsa bajo un puente peatonal en Tocumen. El ciudadano Moreno procedió a avisar a la Policía Nacional de la situación para que rescataran a la niña, la cual fue llevada al Hospital Irma De Lourdes Tzanetatos.
He notado que en algunos medios de comunicación, y en las redes sociales, se refieren al ciudadano Moreno como un “orate”, “piedrero”, o incluso “mendigo”. Estos calificativos no son los que merece Miguel Moreno, el que le cabe es el de “ciudadano ejemplar”. Si en nuestras calles, escuelas, hospitales, centros comerciales, espacios públicos y comunidades hubiese más gente como Miguel Moreno, este sería el mejor país del mundo.
En Panamá, ninguna autoridad ha acudido a ofrecerle reconocimiento alguno a Miguel Moreno, o mucho menos a ofrecerle el apoyo necesario para que deje la calle. A estas alturas, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y la Alcaldía de Panamá deberían pelearse por quién atiende mejor a Miguel Moreno. Seguramente, el ciudadano Moreno tiene necesidades de apoyo y acompañamiento en materia de salud, obviamente en materia de vivienda y trabajo. Con el desfile de millones de dólares que hay en este país, ciudadanos como Miguel Moreno no deberían estar en situación de calle.
He tenido el privilegio de participar en reuniones con algunos de los hombres y mujeres más valiosos de Panamá, los recicladores de Cerro Patacón. Aunque hay algunos dedicados a esta actividad debido a adicciones o enfermedades mentales, otros la desarrollan de forma muy digna y decorosa. Ellos, al igual que Miguel Moreno, son héroes de un país que no sabe reciclar y al que poco le importa la gestión ambiental. Ellos no son pepenadores ni piedreros ni nada por el estilo, ellos son recicladores.
Al igual que Miguel Moreno viven del día a día con su trabajo y esfuerzo en condiciones extremas. Para ellos tampoco hay un Mides, una Alcaldía de Panamá, o una autoridad de emprendimiento que los apoye. Esto lo menciono porque en los últimos meses han tenido que enfrentar el drama psicológico de encontrar la cabeza de un hombre y el cuerpo de otro en bolsas de basura, mientras realizaban sus labores. Nadie se preocupa por la salud mental y emocional de estos recicladores y sus familias después de semejantes experiencias.
Escribo esta columna para que no se nos olvide el heroísmo de Miguel Moreno, quien no solo salvó a una niña sino también a todo un país que le da la espalda. Él no necesita que le den la ciudadanía como Gassama en Francia, él necesita que el Estado panameño funcione, y que sus conciudadanos seamos solidarios.

