Una nación Ómicron

Una nación Ómicron
El uso de la mascarilla y careta es de obligatorio cumplimiento en el transporte público. LP Pastor Morales

La variante Ómicron de la Covid-19 está a punto de hacer colapsar una buena parte de las economías del mundo. Felizmente ya se han puesto más de 9 mil 600 millones de vacunas en el planeta, lo que causa que los efectos de la Ómicron puedan ser percibidos como leves. Esto es peligroso porque muchos países están reduciendo los periodos de aislamiento y cuarentena, lo que puede causar que personas todavía capaces de contagiar a sus compatriotas vuelvan a las calles prematuramente.

En el mundo hay una escasez de pruebas de antígenos para detectar rápidamente a la Covid-19 en versión Ómicron. Los países productores de estas pruebas apostaron esencialmente a que con la vacunación la Covid-19 sería cosa de la historia. Sin embargo, no hubo vacunas disponibles para todo el mundo, y aquellos países que las tienen en abundancia también tienen mucha gente que no se quiere vacunar.

En Panamá, los vacunados con dos dosis son aproximadamente el 68% de la población. Chile y Cuba tienen un 85% de su población vacunada, y Costa Rica tiene el 80% de su gente inoculada.

Ahora, las autoridades de salud están empezando a tomar las medidas necesarias para aumentar la cantidad de gente vacunada en Panamá. Si estas medidas hubiesen sido tomadas en agosto o septiembre del año pasado, estaríamos en una mejor posición. No se hizo por temor al costo político, y a las fricciones sociales que genera la renuencia y la resistencia a la vacunación.

Si hoy se vacunara la mitad de los no vacunados, todavía les faltarían cuatro meses y medio para desarrollar la inmunidad completa. Esto es, la primera dosis hoy, luego un mes para la segunda, posteriormente tres meses para la dosis de refuerzo, y 15 días más tarde se activaría la inmunidad completa. No hicimos la tarea cuando teníamos que hacerla, y ahora con suerte, mucha suerte, la tendremos hecha para mayo o posiblemente junio. Aunque parezca tarde para el momento actual, tenemos que hacerla para evitar la variante “súper” Ómicron o algo parecido.

Hay toda una nueva generación de fármacos antivirales que serán masificados en los mercados internacionales para mediados de año. Esto significa otra arma más para fortalecer el trabajo de las vacunas. Sin embargo, no estarán aquí hasta dentro de varios meses.

Tenemos que actuar ya para evitar la parálisis de la sociedad, sobre todo de los servicios de salud, y evitar un cierre generalizado de todas las actividades no esenciales, tipo enero de 2021. Necesitamos adoptar una medida sanitaria generalizada, barata y fácil de controlar que facilite la supresión de los contagios.

Actualmente existe la medida de la mascarilla obligatoria. Muchas personas la llevan mal puesta, otras por razones económicas cargan con mascarillas viejas (quizás contaminadas), y por supuesto los panameños usamos mascarillas de toda clase, costo y calidad.

La medida más barata y fácil para detener la propagación de la variante Ómicron es el uso obligatorio de las caretas plásticas sobre la mascarilla. Las caretas, aunque son desechables, aguantan mucho más que las mascarillas. Además, el gobierno nacional, la empresa privada, los clubes cívicos, las organizaciones de la sociedad civil, y por supuesto algunos panameños y panameñas solidarias pueden comprar caretas y distribuirlas a las personas que las necesiten.

Estas deberían ser de uso obligatorio no solo en el Metro de Panamá o en Metrobus, si no también en todo espacio público o privado que no sea seguro. Con una careta encima del rostro que tiene la boca, la nariz, la barbilla cubiertas con una mascarilla, el riesgo de contagio puede ser tan bajo como 0.5%. Tanto la Policía Nacional como el personal de salud pueden hacer las verificaciones del caso en todo momento.

Respecto a bares, discotecas, jardines, toldos y por supuesto los carnavales, pueden hacer un sacrificio por el país. Los recintos que no puedan controlar el aforo de personas vacunadas, no pueden estar abiertos. Las fiesta y el jolgorio pueden esperar a que venzamos esta pandemia. Las caretas plásticas nos permiten mirarnos a la cara y compartir el rostro de la esperanza de que recuperemos el control de nuestras vidas y acabemos con la pandemia.


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