Universidad S.A.

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La Universidad de Panamá tiene presencia en todo el país. Archivo

La seguidilla de publicaciones de este diario sobre la Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi) han servido de vitrina sobre el modelo de gestión politiquera de la educación universitaria en Panamá, y de las redes de poder alrededor de la misma.

Los injustificados altos salarios del personal de la Unachi y los posibles conflictos de interés en nombramientos y contrataciones evidencian la necesidad de más transparencia y la falta de una visión estratégica sobre la dirección de las universidades públicas en Panamá.

Para el año 2022, la inversión del Estado en educación universitaria es importante. La Universidad de Panamá tiene un presupuesto de 350 millones 527 mil 760 dólares. La Universidad Tecnológica de Panamá tiene el suyo por 113 millones 392 mil 624 dólares. A su vez, la Unachi tiene una asignación de 92 millones 676 mil 866 dólares. La Udelas tiene un presupuesto de 29 millones 596 mil 64 dólares. Y la Universidad Marítima Internacional de Panamá tiene asignado 9 millones 910 mil 333 dólares.

La matrícula de estudiantes para el 2021 de las tres principales universidades públicas fue de 90 mil 548 para la Universidad de Panamá; para la Universidad Tecnológica de Panamá fue de 27 mil 210 estudiantes y para la Unachi fue de 20 mil 140 alumnos. Ahora dividamos el presupuesto asignado entre la cantidad de estudiantes y tenemos que para la Universidad de Panamá esto significa 3 mil 871.18 dólares por estudiante, para la Universidad Tecnológica la relación es de 4 mil 167.31 dólares por cabeza, y para la Unachi la relación es de 4 mil 601.63 dólares por alumno.

Es justo recordar que la Universidad de Panamá tiene presencia en todo el país, incluyendo centros regionales, extensiones universitarias y programas académicos, que van desde Garachiné hasta Isla Colón y desde la Facultad de Ciencias Agropecuarias en la propia Chiriquí hasta el bellísimo Portobelo.

A su vez, la Universidad Tecnológica de Panamá tiene presencia en casi todas las provincias y la Unachi solo en la provincia de Chiriquí. Existen situaciones de precariedad académica y carencias en todo el sistema de educación universitaria. En muchos casos, no hay laboratorios equipados ni los insumos disponibles en muchos centros regionales. La existencia de profesores viajeros, que como beisbolistas “pisan y corren’' entre un centro regional a un programa o de campus en campus, limita enormemente las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes y la calidad de los intercambios intelectuales. Por supuesto, las bibliotecas universitarias enfrentan una situación de abandono por el alto costo que conlleva mantener actualizadas las colecciones y por el ignorante prejuicio de que toda la información está en la internet. Luego llegó la pandemia y todo se volvió virtual. Las consecuencias las viviremos en las próximas décadas con profesionales y técnicos con una formación más deficiente.

El jurista Humberto Ricord solía manifestar su temor de que los centros regionales devinieran en máquinas de diplomas. La solución a esto era, según Ricord, traer los estudiantes del interior a la sede y tener dormitorios disponibles. Llama poderosamente la atención que la Universidad de Panamá tenga dos campus en la ciudad de Panamá, un nuevo centro regional en construcción para San Miguelito, una nueva Facultad de Medicina, también en construcción. Fuera de lo anterior, y cruzando los puentes existe un centro regional en La Chorrera. Igualmente hay una duplicación de carreras entre la oferta del centro regional universitario de Colón y el campus central, a 50 minutos de distancia por carretera.

Ahora, el Ministerio de Educación ha empujado de forma intempestiva un proyecto de ley para crear la Universidad Autónoma de los Pueblos Indígenas. Es indiscutible la necesidad de educación de nuestros hermanos y hermanas de las comarcas. Sin embargo, crear una universidad pública puede generar más problemas de los que resuelve.

Primero existe el reto de garantizar una educación universitaria de calidad y de pertinencia. El segundo gran reto es que un titulado universitario no encuentre empleo en la comarca y termine frustrado en sus aspiraciones o migrando hacia las áreas urbanas en busca de nuevas oportunidades económicas.

Esta iniciativa tiene un peligro latente y es que esta universidad no está arraigada en la institucionalidad existente. La Unachi nació del centro regional universitario de Chiriquí. La Universidad Tecnológica de Panamá fue engendrada como la Facultad de Ingeniería y luego como el Instituto Politécnico de la Universidad de Panamá. La Universidad Marítima Internacional de Panamá nació a partir de la Escuela Náutica, y la propia Universidad de Panamá fue producto del crecimiento intelectual del país a partir del Instituto Nacional y del esfuerzo republicano de educar a los panameños en el extranjero, y de darle la bienvenida a profesores extranjeros para que enriquecieran la formación de los panameños. ¿No sería mejor que la Universidad Autónoma de los Pueblos Indígenas empezara como una facultad de la Universidad de Panamá?

En la década de 1990 se cometió un gravísimo error con la educación universitaria en Panamá. De forma irresponsable, se permitió la proliferación de universidades de garaje. La oportunidad educativa se volvió un gran negocio. No existe institucionalidad alguna que garantice la calidad de la formación educativa. Como en Panamá no hay exámenes de certificación para la mayoría de las carreras, tenemos lo que tenemos. Los resultados que obtienen los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá los colocan arriba en las certificaciones y en muchas ofertas de becas. Seguramente la Universidad de Panamá se ha quedado atrás en muchas carreras. otras requieren con urgencia una revisión estructural, sin embargo, esa universidad estatal ha sido la constructora de la columna vertebral de este país.

Llama poderosamente la atención que Panamá, que tiene la primera marina mercante del mundo, un Canal ampliado, cinco puertos de contenedores, dos puertos de cruceros y una amplísima industria de servicios auxiliares, tenga una Universidad Marítima tan pequeña. Igualmente pasa con algunos de los programas más importantes de la Universidad Tecnológica de Panamá, del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, al igual que con el IDIAP y el INDICASAT. Eso significa que la sociedad panameña todavía no ha entendido la importancia de la educación universitaria de primer nivel y la urgente tarea de aumentar la investigación científica en el país. Por todo esto, y por los estudiantes que se quedaron sin recibir la educación que se merecen, la tragedia de la Unachi pega tan duro.


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