Vencieron, pero no convencieron

Vencieron, pero no convencieron
José Gabriel Carrizo será el candidato presidencial del PRD en las próximas elecciones. Archivo

Con el permiso de Don Miguel de Unamuno, el título de esta columna parafrasea su legendaria denuncia del franquismo. Aunque Panamá no está en guerra civil, las elecciones primarias del partido de gobierno, celebradas el pasado domingo 11 de junio, evidenciaron una importante fractura de ese cuerpo político. El hecho de que el vicepresidente José Gabriel Carrizo ganara la primaria no es sorprendente. Lo verdaderamente sorpresivo es lo débil de su victoria.

Considerando que el vicepresidente Carrizo ha estado en campaña desde el 2 de julio del 2019, y que ha contado con todo el apoyo económico del gobierno actual, su victoria en las primarias del domingo fue el resultado de la mayor inversión electoral de la vida republicana de este país.

Si empezamos la cuenta con los 202 millones de la descentralización paralela, le agregamos los 240 millones del presupuesto de la Asamblea Nacional, gastos varios como 25 millones para jamones y pavipollos, además de otras incontables decenas de millones de dólares en becas, auxilios económicos, subsidio al precio del combustible y un largo etc. de generosidad financiada con los fondos públicos, tenemos que fácilmente cada voto de Carrizo en la primaria del PRD nos costó arriba de 3 mil dólares.

Es necesario entender que José Gabriel Carrizo no representa el continuismo del gobierno actual, él es el gobierno actual, por lo que un hipotético período de cinco años más en la presidencia de la República significaría en realidad una década del “buen gobierno”.

Llama poderosamente la atención que a cada cuestionamiento de algún periodista, el día de las primarias, el vicepresidente respondió con una maniobra evasiva: “cuidado se caen”, “saludos a Raúl”, “voy a votar y luego los atiendo”... y por supuesto el pelotón de manzanillos que coreaban estribillos que silenciaban a los periodistas.

Los asesores del vicepresidente Carrizo deben entender que en una campaña electoral su candidato tendrá que enfrentarse a los medios sin la presencia de extras, efectos especiales o medidas de distracción. En otras palabras, llegará el momento en que tendrá que dar la cara y dar muchas explicaciones.

El resultado del domingo, y que un candidato como el diputado Crispiano adames con su propia impopularidad y con una evidente falta de recursos económicos, pudiera superar los 100 mil votos, solo deja a la imaginación lo que hubiera pasado con una verdadera candidatura de un PRD de peso y más representativo de la oposición al gobierno Carrizo/Cortizo.

Esa candidata debió ser la doctora Rosario Turner, pero la mediocre acción de copartidarios interesados en sus propias agendas, silenció a Turner y la escondió en la burocracia del gobierno.

En la primaria del domingo faltó alguien que cuestionara con principios y con trayectoria, el pobre resultado del gobierno actual. Los que pelecharon ayer y tomaron Macallan meses atrás, no podían convertirse en paladines de la justicia para una campaña en la que todo estaba arreglado.

¿Para qué corre Gaby Carrizo? El PRD cuenta con talento humano y candidatos para hacer una campaña distinta. El vicepresidente Carrizo responde a un grupo específico de donantes, los “quita y pon” de las campañas, cuyas contribuciones son decisivas para las elecciones.

Como póliza de seguro contra una insurrección electoral, se impuso la reserva de cargos que le garantiza a las figuras más impopulares que sus nombres van a estar en la papeleta. Esto parece ser el resultado de una transacción efectuada cuando se aprobaron las reformas electorales: tú me garantizas la papeleta y yo te doy la candidatura.

El grito silencioso de los votos en blanco y los votos nulos manda una clara señal . Si el votante PRD es disciplinado y participa con regularidad en las elecciones internas de su partido, no había razón para equivocarse o para olvidar su voto para el candidato presidencial. Si alguien sabe votar son los miembros del PRD y los que no pudieron quedarse en su casa, votaron en blanco o anularon su voto. Este es un fenómeno único en la historia electoral panameña.

Ahora al vicepresidente Carrizo y a su equipo de asesores les corresponde hacer la segunda decisión más importante que puede tomar un candidato presidencial en un proceso electoral: escoger a su vicepresidente. Si esa designación se usa para consolidar una alianza con el Molirena o para fortalecer el voto PRD es lo de menos. Lo más probable es que la persona escogida sea a imagen y semejanza de quien encabeza la nómina. Los panameños sabemos muy bien lo que eso significa.

Si el resultado de las elecciones del 2024 no le es favorable a José Gabriel Carrizo, él podrá presentarse para el proceso electoral del 2029. Está muy claro que quienes lo respaldan combinan mucho poder económico y mucho poder político, que seguramente mantendrán, al menos dentro del PRD, más allá del actual periodo de elecciones.


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