El 11 de septiembre del 2001 murieron cerca de 3 mil personas en Estados Unidos como resultado de los ataques terroristas organizados por el grupo Al-Qaeda y liderados por Osama Bin Laden. Ese día, el mundo cambio para siempre. Estos ataques, especialmente los que se dieron en la ciudad de Nueva York, produjeron la respuesta concentrada de emergencia más grande de la historia estadounidense.
Alrededor de 100 ambulancias y 2,000 policías participaron en el esfuerzo de rescate, sin mencionar la heroica labor del Departamento de Bomberos de esa ciudad.
Los efectos que estos ataques tuvieron en Nueva York y en el país en general, son difíciles de medir, pero se sabe que tuvieron un resultado traumatizante para la población, especialmente los niños que vieron dos aviones colisionar con las torres más emblemáticas y representativas del comercio mundial. Al mismo tiempo, se estima que alrededor de 18,000 personas se enfermaron como resultado de los contaminantes tóxicos que fueron expuestos luego de los atentados. En relación a los resultados económicos, se estima que la ciudad perdió alrededor de 90 mil millones de dólares.
Además, estos ataques sirvieron como catalizadores para las guerras en Iraq y Afganistán, con consecuencias devastadoras para la región. Los aeropuertos cambiaron para siempre, normalizando las medidas de seguridad que requerimos para montarnos a un avión. Al mismo tiempo y como respuesta a los ataques, Estados Unidos expandió sus mecanismos de vigilancia bajo el nombre del “Patriot Act”, cuyas ramificaciones siguen teniendo efecto en nuestras vidas, incluso fuera de las fronteras de Estados Unidos.

Este miércoles 8 de abril, Estados Unidos se acerca al medio millón de casos reportados del coronavirus y más de 10 mil muertes. Tristemente, se espera que sean muchas más en las próximas semanas. La ciudad de Nueva York, por si sola, reporta mas de 3 mil muertes, siendo el epicentro de la pandemia en el país.
Como si fuera poco, el liderazgo del presidente de ese país ha quedado en evidencia como insuficiente, para no decir otra cosa. Sin importar en qué lado del espectro ideológico te encuentres, sería muy difícil defender las deficiencias que el genio estable que se sienta en la silla más poderosa de la humanidad ha demostrado, tanto en la respuesta, como en la falta de ésta al principio de la propagación reportada.
Al mismo tiempo, el proyecto de ley de rescate por 2 trillones de dólares, aprobado por las legislaturas en Washington DC y firmado por Trump como respuesta a la crisis ocasionada por el coronavirus, es la más grande en la historia.
Aunque tomará meses, incluso años, revisar el impacto que este paquete de rescate tendrá en la economía estadounidense y mas allá, ya ha sido criticada por figuras en la izquierda como la representante de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, o descrita por el reconocido periodista de Rolling Stones, Matt Taibbi, como una continuación del paquete de rescate luego de la crisis económica mundial del 2008, que empezara con la caída desastrosa del mercado inmobiliario estadounidense.
Pero como dije en mi ultima entrega, las crisis representan oportunidades. Así como pueden servir como catalizadores para el progreso y construcción de instituciones publicas que generen seguridad social, también son oportunidades para los empresarios y gente en posiciones de poder para afianzarse, en momentos en que el estado general de shock mantiene a las poblaciones ocupadas. Me queda claro que es un momento para estar vigilantes, tanto aquí como allá, de los goles que pueden entrar en estos paquetes de rescate, pasados rápidamente bajo el imperativo de la necesidad de hacer llegar ayudas a la gente desesperada.
Y ante el cuestionado liderazgo del presidente de Estados Unidos que, por un tiempo estuvo en la misma línea retórica del ahora hospitalizado Primer Ministro británico Boris Johnson, el país, cuyas elecciones generales serían en noviembre de este año, sigue en busca de liderazgo y una alternativa para hacerle frente a Donald Trump en noviembre.
El presunto nominado Joe Biden, del Partido Demócrata, fue criticado por su ausencia momentánea y luego por sus apariciones televisadas en donde luce confundido, generando especulaciones sobre su estado mental; especulaciones que son anteriores a la crisis actual.
JOE BIDEN: “We cannot let this, we’ve never allowed any crisis from the Civil War straight through to the pandemic of 17, all the way around, 16, we have never, never let our democracy sakes second fiddle, way they, we can both have a democracy and ... correct the public health.” pic.twitter.com/ufXFh5cAtY
— Breaking911 (@Breaking911) April 7, 2020
Bernie Sanders, quien revitalizara a la izquierda en Estados Unidos, haciendo que las generaciones mas viejas desentendieran a sus hijos y nietos a la hora de la cena, decidió dar por terminada su carrera por la nominación demócrata. Ante las especulaciones que indicaban que existía el potencial de la imposición de otro candidato en una potencial convención, en donde la figura del actual gobernador de Nueva York, Andrew Coumo, sonaba de manera sorprendente en los medios comerciales, me pregunto cuál habrá sido el razonamiento del Senador de Vermont.
Lo cierto es que el estado de duda es general. Cuando en privado me preguntan cuál va a ser la elección de Joe Biden para vicepresidente, primero respondo que me parece que puede ser Elizabeth Warren, Kamala Harris o Stacey Abrams, pero después me pregunto, ¿habrá elecciones en noviembre?