El mensaje de Trump

Aunque hay tantas cosas pasando y no parece especialmente relevante en el contexto de la pandemia que enfrenta el mundo, es importante no olvidar que la elección de noviembre se acerca. Tengo que admitir que, al principio de esta crisis, no estaba seguro de que la elección fuera a ocurrir. La crisis que Estados Unidos vivía en ese momento, me hacia pensar que como ha ocurrido en países como Bolivia, ciertos intereses se iban a imponer para posponer la elección, poniendo la pandemia como excusa.

El mensaje de Trump
La sala elegida para el mitin en Tulsa, Oklahoma, estaba lejos de lucir llena. AFP

Sin embargo, en las palabras del politólogo norteamericano Adolph Reed, me va quedando cada vez más claro, que el actuar errático de Donald Trump en los últimos meses, lo ha puesto en una posición tan vulnerable, en cuanto a su credibilidad, que posponer una elección por su propia iniciativa se ve muy difícil.

Por esto, a solo cuatro meses de la elección de noviembre, Trump parece creer que todas sus posibilidades están en la campaña para la reelección.

Pero, las cosas no han ido bien en ese terreno. El arranque de la campaña fue un estrepitoso fracaso -a pesar de que Trump y su equipo alardeaban de que tendría una concurrencia sin precedente de hasta un millón de personas- con la escuálida asistencia de unas 7 mil personas, en una arena que podía albergar un poco mas de 19 mil.

Convencido de su habilidad en la tarima, y con un personal de campaña que parecía creer en el potencial de este evento como una oportunidad para relanzar su intención de reelección -con connotaciones culturales que trataban de mandar un mensaje racialmente cargado-, eligieron Tulsa, Oklahoma, el 19 de junio.

La humillación pública, especialmente para alguien como Trump, quien hábilmente ha utilizado estos eventos para catapultar su carrera política con sus habituales actos que recuerdan más a un comediante que a un político, inicio una búsqueda por los responsables que culminó con la reciente salida de Brad Pascale, como su jefe de campaña.

Aunque mucho se habló de genialidad de la generación Tik Tok, al utilizar su habilidad en el internet para inflar los números de asistencia, el papel que el miedo de contraer el virus pudo haber jugado, o el supuesto pánico que los simpatizantes de Trump están experimentando con las protestas raciales que siguen de pie, las razones parecen ser más comprometedoras para la campaña de reelección.

Lo que realmente creo que está ocurriendo, tiene que ver más con el candidato y su mensaje, que con factores externos. En su campaña de reelección, Trump no parece tener un argumento claro y coherente, y tampoco una estrategia para ampliar su coalición, más allá de sus fieles seguidores que lo convirtieron en presidente sin ganar el voto popular.

A pesar de que su mensaje en la campaña anterior no era necesariamente el más racional, sí tenia uno. Sus propuestas, aunque algunas esencialmente vacías, planteaban reformar el comercio internacional, hacerle frente a la corrupción en Washington DC., ponerle un freno a la migración a Estados Unidos -advirtiendo sobre los cambios que estaba generando en un país que se quiere seguir entendiendo como mayoritariamente blanco-, combinado con una promesa a la base evangélica que se consolidó con su elección para vicepresidente y, hasta cierto punto, un mensaje menos imperialista, criticando la guerra contra Iraq, prometiendo regresar parte de las tropas militares en el extranjero.

A su vez, Trump logró demonizar la imagen de Hillary Clinton, identificándola con todo lo que estaba mal con el sistema que prometió cambiar cuando llegara al poder. Su campaña se concentró en señalar la supuesta corrupción de Clinton y su cercanía a Wall Street y al comprometido Partido Demócrata, así como a su aparente hambre por más guerras, citando su labor como secretaria de Estado y su apoyo a la invasión de Iráq.

Y aunque muchos comprendieron que el oportunismo de Trump era evidente, así como su vil manipulación de las ansiedades de la población proponiendo retóricas peligrosas -que tenían y siguen teniendo el peligro de llevar a Estados Unidos a un lugar oscuro-, logró en su momento, proponer una alternativa que lo puso en la Casa Blanca.

Cuatro años después, su mensaje es mucho más débil, y se sigue diluyendo. El propio rally en Tulsa y el evento que le siguió en Mount Rushmore para celebrar la independencia, fueron apuestas erróneas. No solo por la retórica divisoria, si no también por su intención de apostar por energizar a una base que cree incrédula a los peligros del virus y favorable a una inmediata reapertura, en un país donde han muerto ya bastante más de 100,000 personas. Al mismo tiempo, las protestas que fueron catalizadas por la muerte de George Floyd, siguen siendo enfrentadas por el presidente con el uso de la fuerza, a pesar de ser en su mayoría pacificas y cada vez más populares.

Al mismo tiempo, Trump parece estar optando por una estrategia extrañamente débil contra Joe Biden, enfocándose en señalar su supuesto declive mental y acusándolo de ser parte de la extrema izquierda que quiere acabar con los monumentos de la confederación y todo lo conservador. Ambos señalamientos son problemáticos como estrategia electoral, uno por la empatía que ciertos votantes -especialmente los electores mayores que ambos se pelean- tienen con un político que conocen por años, y porque nadie en su sano juicio cree que Biden sea parte del ala progresista del Partido Demócrata.

Todo esto me hace llegar a una conclusión. Trump y su entorno nunca entendieron por qué ganaron la elección del 2016 en primer lugar. El mensaje económicamente populista que ayudó a ponerlo en la Casa Blanca, ha sido abandonado por una estrategia errática en la cual se presenta como la única alternativa para evitar que Estados Unidos se convierta en una república socialista, optando por energizar a su base sin ampliarla. Según entiendo, en su entorno han prevalecido esencialmente los argumentos libertarios y anti gobierno, y parecen haber ganado la pelea ideológica en el contexto en que una asistencia estatal amplia ayudaría a un presidente que se desmorona cada vez mas.

Y como si fuera poco, Biden parece estar corriendo con toda la suerte del mundo. Las circunstancias de la pandemia lo mantienen en su sótano, transmitiendo eventos de campaña por zoom, extremadamente producidos, mientras la imagen de Trump se sigue deteriorando por estas razones y muchas otras. Sin embargo, por más herida que esté su candidatura de reelección, aún faltan cuatro meses para una elección en donde enfrentará a un candidato evidentemente débil. Cantar victoria seria una tontería tanto como lo fue en las elecciones pasadas.


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