Kamala Harris y el futuro Demócrata

Quiero empezar este artículo, admitiendo que me interesé por este proceso electoral por razones que algunos llamarían cínicas. La comedia negra de la elección de Donald Trump cuenta la historia de un presidente, que yo y muchos vimos como alguien que en realidad empezó ese camino sin una intención clara de convertirse en presidente, más allá de un impulso que solo se explica en un mundo que le da prioridad a lo banal. Por pura inercia y razones circunstanciales, terminó llegando al poder.

Kamala Harris y el futuro Demócrata
Kamala Harris.

En las elecciones anteriores, viajé a Estados Unidos durante las primarias que enfrentaron a Hilary Clinton y Bernie Sanders, y presencié una disonancia en la prensa y una parte del electorado estadounidense que me sorprendió, y que me llevó a querer entender este fenómeno un poco más.

Lo que me llamó la atención principalmente, fue la miopía de quienes negaban rotundamente la posibilidad de que Donald Trump pudiera llegar a la Casa Blanca, mientras éste hacía una campaña de tono populista -aunque esencialmente vacía-, aprovechándose de las inseguridades de una gran parte de la población norteamericana, que no se sentía representada por nadie más en la oferta electoral.

Cuatro años después, aunque estamos en circunstancias diferentes y los actores son otros, no dejo de sorprenderme. El 11 de agosto del 2020, Kamala Harris fue elegida para ser la nominada a la vicepresidencia de Estados Unidos, con la intención de evitar la reelección de Donald Trump. Harris, quien fuera fiscal y ahora senadora por California, se presenta como una energética política, que logra una histórica nominación en términos de identidad, al ser mujer, afrodescendiente e hija de inmigrantes de India y Jamaica.

Al mismo tiempo, en su discurso de aceptación se posicionó como la posible vicepresidente más progresista en los últimos tiempos, prometiendo afrontar las múltiples crisis que afronta el país del norte. En ese discurso, Harris prometió hacerle frente a la crisis climática con una revolución energética; la crisis de empleo, con una estrategia que buscaría regresar parte de los trabajos que han migrado o han desaparecido; ampliar la cobertura médica, como parte de la reforma puesta en pie por Barack Obama; proteger los derechos de las mujeres y reformar el sistema de votación entre otros temas, en un primer intento de atraer a sectores del electorado que dudan de la capacidad que podría tener Biden de representar sus intereses materiales.

Cuando digo que no paro de sorprenderme, hablo de que debo admitir que tengo una sensación parecida a la que tuve hace cuatro años. Siento que muchos no aprendieron las lecciones de la elección anterior, y cantan victoria anticipadamente. El Partido Demócrata nuevamente ha creado condiciones similares a la elección anterior, al presentar un candidato débil para enfrentar a un narcisista que ha demostrado no tener ideología, pero si un maestro del oportunismo que hará que lo que queda de carrera presidencial sea altamente volátil.

Sin duda alguna, las circunstancias son completamente diferentes. Donald Trump no parece ser tan hábil en esta vuelta, y no hay duda de que su imagen se ha deteriorado por su manejo de la crisis sanitaria, en donde ha sacado a relucir sus peores características. Su mensaje se ha diluido, y estoy seguro de que si la elección fuera hoy, el próximo presidente de Estados Unidos sería Joe Biden. Pero la elección no es hoy.

Aunque esta vez será más difícil, tristemente el sistema electoral estadounidense, y el poder que el presidente hoy tiene, hacen posible que Trump se recupere. Por ejemplo, Trump podría empezar a manejar la crisis y sus efectos de manera más eficaz, respondiendo a las necesidades de una población cada vez más vulnerable. Al mismo tiempo, tiene la posibilidad de articular un mensaje que evidencie las falencias del Partido Demócrata, en cuanto a su incapacidad de formular una vía de representación para las clases trabajadoras y, más allá, señalando la resistencia de las cúpulas dentro del partido de crear puentes con los sectores que sin su ayuda ganan primarias desde la izquierda a lo largo del país. Todo sin mencionar los records legislativos de Biden o el pasado como fiscal de Harris.


Al mismo tiempo, en medio de quizás el movimiento de protesta mas grande y duradero en la historia de los Estados Unidos, cuyo catalizador y objetivo principal es la reforma policial, elegir a Kamala Harris como candidata a la vicepresidencia -quien tiene un cuestionado pasado como fiscal en el Estado de California-, para acompañar a Joe Biden, que a su vez jugó un papel fundamental en la creación del actual sistema carcelario en su rol como senador, es indicativo del estado actual del Partido Demócrata.

Sin embargo, con todas las críticas validas que se le pueden hacer a Joe Biden, si llega a ganar la Presidencia, sería imposible negar su rol histórico como el vicepresidente del primer afrodescendiente que llegó a la Casa Blanca, y el presidente con la primera mujer afrodescendiente como su vicepresidenta. La política es así de rara. Tampoco puedo dejar de decir que siendo empático con quienes se quejan de nuestros tiempos extraños y polarizados -que algunos llaman ‘cultura de cancelación’-, y convencido de que la condición humana tiene el derecho a crecer, transformarse y evolucionar, quiero pensar que ese es el caso de Kamala Harris y Joe Biden. No nos queda de otra. La crisis es existencial y transciende sus fronteras.


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