Sobre convenciones

Tengo que ser honesto. Se está volviendo cada vez más difícil escribir estos artículos. La miopía de ciertos comunicadores, la irracionalidad de muchos líderes, y todas esas cosas que me interesaban analizar con algo de humor, mientras trato de hacer llegar a los lectores de La Prensa información que considero valiosa, cada vez me dan menos risa.

Esto no quiere decir que no voy a terminar lo que empecé: la crisis existencial que enfrentamos, y que será especialmente impactada con el resultado de estas elecciones, es cada vez más innegable. Las convenciones de los dos partidos del binario electoral de Estados Unidos fueron, guardando ciertas distancias, una ilustración clara de una sociedad y un mundo en crisis.

Oficialmente, el rito final que consagró a los candidatos a la Presidencia, Donald Trump y Joe Biden, y sus elegidos para acompañarlos en la vicepresidencia, Mike Pence y Kamala Harris, ha terminado.

En ellas, ambos partidos plantearon sus inquietudes y moldearon sus propuestas, en convenciones para las nominaciones que fueron históricas por su formato virtual, -con algunas excepciones en el caso Republicano-, dibujando el formato de campaña para el poco camino que queda hacia el 3 de noviembre de este año.

Sobre convenciones
Joe Biden y Donald Trump, los candidatos a la presidencia de Estados Unidos. AFP

La Convención Demócrata, cuyo objetivo evidente fue presentar una propuesta de urgencia para evitar una segunda presidencia de Donald Trump, se enfocó en discursos de unidad y personalidad, haciendo énfasis principalmente en las diferencias de carácter en la oferta Demócrata, y separándose -especialmente en lo estético-, del hombre naranja que hoy habita la Casa Blanca. El programa Demócrata, en esencia, es una promesa de regresar a la normalidad de los años de Obama.

A su vez, el Partido Demócrata optó nuevamente por atraer a los “republicanos moderados”, dándole prioridad a personas como John Kasich, y distanciándose a la vez de los mensajes del ala insurgente y progresista de su propio partido, ejemplificado en el minuto que tuvo Alexandria Ocasio-Cortez para hablar en la Convención. Otra vez, los Demócratas ponen sus esfuerzos en demonizar a Trump como una aberración que no tiene sentido en el binario Demócrata-Republicano. Por lo visto, a pesar de los cuatro años transcurridos desde la campaña anterior y de todo lo vivido desde entonces, aún creen que no se equivocaron.

Esta estrategia Demócrata, que define como su objetivo principal pintar a Trump como un racista, misógino, etc, les sirvió como marco de referencia a los Republicanos para plantear la estrategia de su propia Convención.

Aunque la mayoría de quienes nos informamos en La Prensa y otros medios liberales del mundo, podemos tener como imagen representativa de la Convención Republicana las desquiciadas intervenciones de uno de los hijos de Trump y su pareja, el esfuerzo real de la Convención fue humanizar la imagen de Trump, y en ese sentido, no estoy seguro de que hayan fallado.

En términos audiovisuales, Trump logró por momentos apelar a su humanidad acercándose a los llamados trabajadores esenciales, y haciendo énfasis en lo logrado en su reforma criminal. Además, a pesar de que la retórica y la elección de oradores marcaron una diferencia clara con la estrategia de la elección anterior, y quienes tenían la esperanza de volver a ver al Trump populista y económicamente proteccionista, probablemente quedaron decepcionados, al ver la larga lista de libertarios económicos con roles prominentes en la Convención, haciendo énfasis en las doctrinas de siempre del Partido Republicano.

Además, su estrategia de apelar a elementos culturales en medio de la conmoción que vive el país por múltiples factores parece haber sido efectiva por lo menos en energizar a la base que ya lo apoya. Y esto, como lo evidenciaron las encuestas justo después de la Convención, lo ponen más cerca de reelegirse debido al formato del Colegio Electoral, que ya lo puso donde está.

Pero más allá de la efectividad que pudieron tener ciertos mensajes en la Convención Republicana, no me puedo quedar sin decir que la misma fue una exhibición surrealista. Nuevamente, el presidente y los otros oradores se esforzaron en pintar a Joe Biden como un aliado de la izquierda radical, un ambientalista de Greenpeace, que a su vez está comprometido en quitarle fondos a las fuerzas policiales, entre otras mentiras que nadie que no viva en una burbuja propagandística -hecha realidad por la irresponsabilidad de algunos medios de comunicación, y ciertas teorías de conspiración -, se puede creer.

A su vez, la sensación visceral que me dejó la Convención Republicana fue de miedo. Por más que tengo un desencanto total con quienes manejan el Partido Demócrata, el Partido Republicano demostró una vez más ser una de las instituciones más peligrosas para la humanidad. El país más poderoso del mundo se acerca con retóricas peligrosas, a un escenario tristemente similar al que se enfrentaron en las grandes guerras del siglo pasado, combinado a una negación rotunda de la existencia de la amenaza del cambio climático y sus repercusiones catastróficas.

Al mismo tiempo, la realidad es que ambos partidos demostraron, por más que las campañas nos hagan pensar que hay un comunista y un fascista peleándose por la Casa Blanca, que no son tan diferentes en materia económica, a pesar de sus distancias en temas sociales, culturales y sus capacidades técnicas, y que, como ya han articulado muchos escritores y pensadores, este binario es en gran medida parte del show.

Hay quienes dicen que la locura es hacer la misma cosa dos veces, y esperar resultados diferentes. Viendo todas las variantes circunstanciales que estamos viviendo, es probable que esta vez funcione. La realidad es que la oferta del Partido Demócrata parece ser el último salvavidas para el mundo imperfecto que conocíamos. Lo que me preocupa es que ese resultado reforzará las apuestas y narrativas erróneas, por el simple hecho de volver a una normalidad que, en estos momentos, suena como algo atractivo. Y es que la alternativa es cada vez más aterradora.





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