MEDICIONES ELECTORALES.

¿Por qué fallan las encuestas?

¿Por qué fallan las encuestas?
Pie. LA PRENSA/Credito.

En encuesta tras encuesta aparecía en el tercer lugar. Pero en la votación de anoche, el vicepresidente Juan Carlos Varela alcanzó el único sitial que merece la pena en un sistema presidencial. ¿Por qué fallaron, consistentemente, los sondeos de opinión?

Con toda claridad, urge revisar la metodología de las mediciones. Aspectos como el tamaño y la configuración de la muestra deben ser evaluados con mayor cuidado por las encuestadoras en aras de una mayor precisión.

La lógica indica que el universo de la encuesta debe coincidir con el número de inscritos en el padrón electoral. Pero, por ejemplo, mientras que el número de votantes en 2014 es de 2 millones 457 mil 401, el universo del sondeo de Quantix, encuestadora del diario La Prensa, era inferior (2 millones 138 mil 978).

La segmentación o distribución de la muestra entre categorías de individuos debe acercarse lo más posible a la realidad socioeconómica y demográfica del país. Esto incluye la distribución de la muestra por residencia (en provincias o distritos), edad, nivel de ingreso, nivel educativo y sexo, entre otros criterios.

Pero, por ejemplo, mientras que el padrón electoral está compuesto en un 50.1% por mujeres y un 49.9% por hombres (La Prensa, 14 de febrero), la muestra de Quantix comprende un 51% de mujeres y un 49% de hombres, lo cual produce un leve sesgo a favor del sexo femenino.

Otro aspecto metodológico por considerar es cómo lograr respuestas genuinas en un ambiente de precaución o temor generalizado. No cabe la menor duda de que algunas actitudes y estrategias del oficialismo generaron recelo en la población e incidieron en las respuestas de los encuestados.

Entre otras medidas, el esquema de reclutamiento de votantes potenciales, basado en el acopio de información privada, tuvo un efecto intimidatorio. ¿Cómo generar respuestas genuinas en un contexto de desconfianza? Quizás es un reto insalvable, pero no por ello hay que dejar de enfrentarlo con seriedad.

Aun cuando se atiendan todos los desafíos metodológicos, subsistirá un elemento aleatorio que las mediciones científicas no pueden capturar. Por quién votar es una decisión personal, íntima y muchas veces emotiva, que –dependiendo de una diversidad de circunstancias– puede variar de un momento a otro.

En los últimos días, una vez recabados los datos de la encuesta final, la campaña evidentemente sucia orquestada contra el candidato Varela, aunada al apoyo que una agrupación opositora pidió para el PRD (adversario tradicional de los integrantes de esa agrupación) puede haber operado a favor del aspirante panameñista, generándole a última hora mayores simpatías en el electorado.

Sea como fuere, el resultado de la elección presidencial panameña, asociado a los recientes desenlaces electorales en Honduras, Costa Rica y El Salvador, exige una prolija labor introspectiva por parte de las firmas encuestadoras.

Si pretenden seguir teniendo alguna incidencia en el debate político –y facturando por sus servicios– no deben postergar un escrupuloso examen de sus políticas y métodos.

Edición Impresa