Siempre es una noticia positiva cuando un grupo de emprendedores se atreve a abrir un espacio abocado a la cultura en la ciudad capital.
Es una prueba de que todavía hay personas valientes que apuestan por el arte en un país que parece más apegado a lo mercantil.
Un caso reciente es la inauguración del Teatro La Plaza, ubicado en Obarrio, en la avenida Samuel Lewis y calle 60 (justo dos cuadras antes de llegar a vía Brasil), al lado del Athanasiou, en Downtown Plaza.
El Teatro La Plaza arrancó labores el pasado 5 de octubre y es responsabilidad de dos familias: el Grupo Zebede (Aarón Zebede y su hija Malky), que son los gerentes de contenido y son los encargados de manejar la sala, y sus socios The Setton Group, conformado por Gabriel e Ilan Setton.
Este espacio, que tiene 180 butacas en total, inicia su periplo con la comedia dramática Buenos modales, cuya temporada se extiende hasta este sábado 29 de octubre.
Después de este montaje, tendrán el 31 de octubre un standup comedy show titulado Threesome, con la participación de Aarón Zebede, Patty Castillo y Miguelito Oyola, a las 7:00 p.m. y 9:00 p.m.
Después, el martes 8 de noviembre, será el turno de la comedia Una extraña pareja (The Odd Couple), de Neil Simon, que estará en proscenio hasta el viernes 2 de diciembre.
Además, los fines de semana de los meses de diciembre y enero ofrecerán el musical Madagascar, basado en la película animada de Dreamworks.
A fines de diciembre también tienen programados dos conciertos de las mejores canciones de los musicales de Broadway en el evento “Off Off Off Off Off Broadway Show”, así como presentaciones de los cantautores Alejandro Lagrotta y Leonte Bordanea.
OBJETIVOS
“Una sala de teatro es un negocio como cualquier otro y hay que procurar darle al público lo que quiere. Comedias, stand up comedy y conciertos, pero como director, no hay nada como un buen drama o un clásico o una obra de suspenso”, señala Aarón Zebede, quien este año ofreció una acertada puesta en escena de El Fantasma de la Ópera.
“Entre comedia y comedia pensamos incluir una o dos semanas de obras con más contenido. Sabemos que también tenemos público para esto. Pero igual nos preocupamos porque nuestras comedias tengan peso”, agrega.
LA PIEZA INICIAL
Buenos modales, en palabras de Aarón Zebede, actor y director nacional, “es un espejo de nuestro comportamiento cotidiano”.
Buenos modales (God of Carnage), de la dramaturga francesa Yasmina Reza, tuvo su debut en París, Francia, en enero de 2008 y dos meses más tarde pasó a Londres, Inglaterra.
Como era de esperarse, llegó pronto a Broadway, en 2009, y su elenco estuvo formado por Jeff Daniels, Hope Davis, James Gandolfini y Marcia Gay Harden.
La pieza obtuvo en Nueva York el Tony en las categorías de mejor obra y actriz.
El director Roman Polanski la convirtió en 2011 en una película nominada al Globo de Oro y tuvo a sus órdenes a los intérpretes Kate Winslet, Christoph Waltz, Jodie Foster y John C. Reilly.
BRUTALIDAD CONTROLADA
En Buenos modales, dos parejas discuten en una casa sobre la violencia que llevó a que sus hijos se pelearan entre sí en un parque, sin darse cuenta de que sus propios actos son reflejo de una furia contenida, que de seguro ha sido transmitida a sus vástagos, de forma directa o indirecta.
¿Será que la propia naturaleza humana tiene sobre sí la condición violenta? ¿Se puede “domesticar el salvajismo del hombre” como aspiraba el asesinado político Robert Kennedy?
¿La educación o el buen gusto o el protocolo o la diplomacia pueden dominar esa fuerza bruta que nos asemeja al resto de los animales del planeta, aunque juremos que somos la especie más civilizada?
¿Todo instinto salvaje es por completo negativo? ¿Acaso no tiene su costado positivo tener bajo nuestro mando a algunas de sus consecuencias como el instinto, la pasión y la locura?
Los adultos en Buenos modales son dados a evaluar cómo y por qué los jóvenes son agresivos con sus iguales; se esfuerzan para resaltar que ser victimario tampoco es tan negativo después de todo; que hasta cierto punto ser víctima es una manera de no saber defenderse como es debido, y en ese tira y jala pierden de vista que ellos, lo más probable, educaron a sus chicos para que fueran gente agresiva o pasiva o intolerante.
De allí que Buenos modales a veces es una comedia dramática y en otras es un drama con tintes de humor negro, aunque el director Aarón Zebede se inclinó más por darle protagonismo a la hilaridad socarrona y a la exageración meditada, quizás como una manera de que el espectador se ría de situaciones que luego se reprochará por evaluarlas con tanta irresponsable ligereza.
Es un reto desarrollar una historia en una ubicación única, en esta ocasión, la sala de un apartamento, y cuando, además, se desarrolla en tiempo real; es decir, no hay saltos en el tiempo dentro de su argumento, sino que todo se desarrolla de seguido.
La dramaturga Yasmina Reza es audaz en sus planteamientos y en las opiniones que tiene sobre la forma de ser de las personas en un entorno urbano.
También sabe manipular, pues, de forma intencional, lleva a la audiencia a que se identifique con alguno de los cuatro personajes. En unos momentos busca que la balanza de la aprobación se incline por las mujeres, en otras por los hombres y en otras tantas por alguna de las dos parejas.
Como siempre debería pasar, aunque no siempre se da en Panamá, es genial tener de tu lado un texto poderoso, porque hace que la mitad de la tarea esté hecha.
Por eso, Aarón Zebede va a lo seguro y estrena con buen tino el Teatro La Plaza con una pieza solvente y contundente como es Buenos modales. Porque es uno de esos textos que parecen fáciles desde afuera, pero que necesitan mucha reflexión por la cantidad de capas que ofrecen los diálogos y las situaciones en las que involucra Yasmina Reza a sus atribulados personajes.
La otra inteligente decisión de Aarón Zebede es darle a actores de experiencia (Augusto Galíndez, Mónica Lauri, Ramón Serrano e Ivette Cordovez) la tarea de encarnar a estos adultos que van perdiendo, de forma paulatina su supuesta madurez y terminan siendo iguales o peores que los chiquillos a los que están defendiendo o a los que piensan que están educando de la mejor manera.
Estos adultos son todos profesionales, unos burgueses como la histérica Verónica (Lauri), otros de clase obrera con nivel superado como el simple Miguel (Galíndez), sin obviar al agresivo hombre de los negocios como lo es Carlos (Serrano) y la clase media laboriosa resentida representada en Anna (Cordovez).
Los cuatro, aunque lo nieguen ante los otros, son individuos frustrados y fracasados a nivel emocional y confían en que si les va bien en sus trabajos, significa que en el resto del asunto también va viento en popa. Pero, sin necesidad de escarbar demasiado, se sienten incomprendidos por sus contrapartes amorosas y son víctimas de sus propios prejuicios.
Están encerrados en sus pequeños mundos interiores y así olvidan lo que ocurre detrás de las murallas que han construido a partir de la educación, el cultivo del arte o a partir de un oficio que les da sentido sobre los demás. Todos creen tener poder y cada uno tratará de ejercerlo en esa casa donde habrá gritos, culpas, acusaciones, vómitos, tragos, ofensas, y al final, alivio, sinceridad y algo cercano a una delicada y diminuta concordia.
