Casa grande, la crisis de una familia rica

Cierta clase adinerada vive dentro de una confortable, delgada y exclusiva burbuja. No se entera de lo que pasa más allá de las puertas de sus casas lujosas. Es una combinación de ignorancia con poco importa.

¿Qué ocurre cuando la fortuna deja de sonreírles? ¿Cómo reaccionan cuando las crisis financieras se convierten en un afilado alfiler que destruye esa porción suya de realidad parcializada en la que residen? Eso es lo que explora el intenso e incómodo drama social y familiar Casa grande, que se presentó el sábado pasado en la versión número 40 del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva (España).

El director Fellipe Gamarano Barbosa no pudo asistir a Huelva, pues está en el Cairo presentando esta, una de las películas brasileñas de 2014 más viajera, la que ha recibido aplausos en festivales de cine como el de Rotterdam (Países Bajos) y San Sebastián (España).

A Casa grande la acompañaron su productora, Fernanda de Capua, así como la actriz Clarissa Pinheiro, quien interpreta a una vivaracha empleada doméstica que es despedida por la esposa de un rico hombre de negocios de Río de Janeiro del siglo XXI, pero que ha perdido su solidez económica en cuestión de días y se las ve difícil para pagar las cuentas de su casa de tres pisos.

Aunque de Capua y Pinheiro plantean que Casa grande es sobre el ritual de Jean, un muchacho adinerado que se convierte en un adulto más consciente de las abismales diferencias de clase, este drama golpea más a la audiencia porque le recuerda que estamos lejos de una sociedad equitativa en el reparto de las riquezas y que mientras hay miles viviendo en mansiones hay cientos de millones que apenas logran llegar al final de cada día.

En lo que sí tiene plena razón de Capua es que en el cine brasileño se cuenta en pocas ocasiones una historia de esta índole, “desde el punto de vista de la clase alta”.

Aunque esta producción habla también sobre el despertar sexual, el difícil tránsito de la adolescencia y la presión de aparentar lo que no se tiene o se ha perdido, es su lado crítico el que más cala por realista, sincero y bastante equilibrado.

Fellipe Gamarano Barbosa trata de ser objetivo en su eficaz Casa grande, y no presenta a los jefes de la casa como déspotas sin sentimientos ni a los empleados como los inocentes que no rompen un plato. Ambos sectores sufren en cada lado de la balanza y cada sector es decadente y diferente.


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