El Guasón: la tragedia del villano

El Guasón: la tragedia del villano
El magnífico Joaquin Phoenix elabora una de las mejores construcciones de personajes en el cine de Hollywood de 2019.

Con el Joker (2019), Todd Phillips logra firmar una de las mejores películas sobre superhéroes provenientes del cómic alterando más de una premisa de este tipo de producciones.

En lo técnico, en su Joker no hay un derroche de efectos especiales. Su propuesta carece de autos que explotan o frenéticas persecuciones policiales.

Los seres que pueblan su deprimente y asfixiante Ciudad Gótica son tan vulnerables y desamparados como cualquier habitante de una gran urbe moderna. Ningún mortal de su Ciudad Gótica anda por allí usando poderes sobrenaturales. Nadie amenaza con destruir la Tierra, ni hay naves provenientes de lejanas galaxias que nos visitan para fastidiar nuestra tranquilidad.

Los peligros que deben eludir los habitantes de Ciudad Gótica son los de cualquier urbe contemporánea: violencia, desigualdad social, sobrepoblación, contaminación, tranques vehiculares y los trastornos y afecciones psicológicas y psiquiátricas que eso trae consigo.

En su elenco, salvo el inmenso Joaquin Phoenix, no hay ninguna estrella de Hollywood acompañándolo como ha pasado en otras películas sobresalientes del género como la trilogía de Christopher Nolan sobre Batman (Michael Caine, Gary Oldman, Morgan Freeman…) y las dos entregas de Los Vengadores, de Anthony y Joe Russo (Robert Downey Jr., Benedict cumberbatch, Josh Brolin…).

Propuesta

Todd Phillips se hace cargo de la más realista visión del universo del cómic llevado a la pantalla grande. Por ejemplo, la construcción que hace Joaquin Phoenix como intérprete y Phillips como director de la orquesta es de una persona mentalmente perturbada y que usa maquillaje como material de trabajo (es un irregular payaso al principio) y después ese mismo elemento pasa a ser una especie de máscara para el villano en el que pronto se transformará.

De los elementos que rescata Phillips de los orígenes del clásico villano de la casa DC Comics es que el futuro Joker proviene de un hogar desecho y agresivo, sí laboró en el circuito de la improvisación sin mayores logros y sí estuvo recluido en el sanatorio de Arkham.

Después de allí la producción se aleja de los argumentos del cómic para entrar al drama psicológico más corrosivo.

El Guasón de Phoenix no cayó en un tanque de productos químicos como es la versión más conocida, ni tiene una fuerza fuera de lo común, tampoco estuvo casado. Tampoco es particularmente brillante, ni es un experto ingeniero eléctrico, ni un genio de la mecánica, ni es un ingenioso bromista, ni un conocedor de química como lo ha presentado en el pasado las distintas versiones de los cómic.

No le interesan los naipes, ni los parques de diversiones, aunque quizás en la posible segunda parte sí. Tampoco es demasiado ágil y su vulnerabilidad al dolor físico y emocional es similar a la de cualquier persona de carne y hueso.

Al contrario, es doloroso ver el cuerpo delgado, golpeado y desprotegido del Arthur Fleck que nos regala Phoenix.

Si Arthur Fleck, un mediocre aspirante a comediante, se convirtió en un psicópata fue por culpa de la propia sociedad que lo abandonó a su escasa suerte, aunado al trauma de ser criado por una madre violenta y condenada por sus alucinaciones, y claro, por residir en un cloaca urbana como lo es Ciudad Gótica.

Es más, este Arthur Fleck le debe su forma y fondo, creo, a otras personas perturbadas en la línea de Travis Bickle (Robert De Niro) de Taxi Driver (1976), el drama de culto del maestro Martin Scorsese sobre el daño que causa la guerra a los que han sobrevivido a un conflicto bélico y a una sociedad agresiva.

Víctima

La película de Phillips es perturbadora y conmovedora; irónica, dulce y absurda, todo al mismo tiempo. Es el retrato de un tímido y solitario muchacho que luego tendrá una temida carrera criminal. Es la historia de un torturado artista que luego se encargara de torturar a Ciudad Gótica con sus bromas mortales.

Phillips y Phoenix plantean que el Guasón es una víctima más de un sistema sin valores que no se preocupa por los pobres del mundo.

En la película queda difuso quién es el héroe y quién el villano de acuerdo al comportamiento errático del payaso fracasado y el patán Bruce Wayne padre.

El Joker de Phoenix está más cerca de la concepción que tenía Jean-Jacques Rousseau del bien y del mal, al plantear que el hombre nace bueno y después pasa a otros terrenos a medida crece y se rodea de otras personas.

Y si el Joker es violento y salvaje como creía Thomas Hobbes que éramos casi todos nosotros en esencia, lo es, otra vez, porque él es la consecuencia y el resultado de una sociedad egoísta y perversa.

Si San Agustín pensaba que veníamos al mundo con el pecado original a cuestas, si él hubiera abierto los ojos en las múltiples Ciudad Gótica que existen dentro y fuera del universo del cómic, quizás se daría cuenta que nos transformamos en bestias irracionales por culpa de la sociedad que nos descría, que nos desprecia y que nos reduce a la categoría de rechazables.

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