It, capítulo dos: una exploración al miedo

It, capítulo dos: una exploración al miedo
Tuvo un presupuesto estimado en 80 millones de dólares y su recaudación mundial supera los 343 millones de dólares.

En el segundo capítulo de It, el director Andy Muschietti desarrolla temas más que válidos como la infancia como punto de partida de nuestra personalidad de futuros adultos; cómo los amigos de aquella época son también parte de quiénes seremos más adelante como individuos, pero principalmente sobre cómo los miedos pueden ser factores para que avancemos o nos detengamos en el proceso de crecer y vivir.



Por eso, el norte principal de It, parte dos, es la antigua relación del ser humano con el miedo más primario: aquel que brota cuando somos chicos.



El miedo es algo que no debe extrañar porque el miedo es el nervio primordial que comparte toda buena historia de terror, ya sea desde la tradición oral, la literatura o el cine.



El miedo acompaña al ser humano desde los tiempos más primarios, cuando nos asustaban depredadores carnívoros más grandes y fuertes que nosotros, cuando en las cuevas los relámpagos rompían la serenidad de la noche.



O sea, no hemos cambiado nada porque todavía temblamos ante la presencia de un animal peligroso o ante una tormenta.



El miedo a lo desconocido, a lo inexplicable, a lo fuera de toda lógica o razón, a que algo no ocurra como pensamos, ante un desastre o algo inesperado, incluso, a lo que no existe, aunque uno piense que sí, todos son resortes que dejan en libertad nuestras preocupaciones, fobias y temores y cada uno de ellos está presente en esta película.



It 2, como buena creación del terror audiovisual, se alimenta del miedo, pero es un miedo tanto visible como mental y corporal, caracterizado en un payaso asesino que se alimenta de los temores de los demás.



El payaso macabro que se esconde en las alcantarillas de las dos entregas de It es fuerte porque él crece con el miedo que habita en los habitantes de un pequeño pueblo en Estados Unidos, no importa si son jóvenes o adultos, no importa si decidieron alejarse del miedo al mudarse a otra parte de la unión americana o se quedaron en la comunidad que los vio nacer.



Este perturbador payaso existe porque representa una tensión, una ansiedad, una repulsión y un pánico que vaya más allá de lo racional, un miedo que sus víctimas llevan dentro de sí mismos y que no pueden dominar.

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