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01 abr Octavio Paz, voluntad lírica

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Son cinco escritores y docentes que declaran admiración plena por este premio Nobel de Literatura.

César Young Núñez, bardo y columnista de La Prensa, destaca su capacidad “de vislumbrar las zonas profundas del espíritu humano y su voluntad lírica de recrearla en el contexto poético”.

“Para Paz, el poema era una obra de arte en sí, una joya, una cosa artesanal, hecha con las manos, la mente y el corazón, no solo con palabras, sino también con pausas, blancos, vacíos, silencios y sugerencia”, plantea, por su lado, Moisés Pascual, poeta y profesor.

Como hacedor de versos, afirma la novelista y cuentista Rosa María Britton, Paz “alcanzó una universalidad poco común en los poetas”.

Gloria Guardia, académica y novelista, señala que Paz alimentó su obra “con los mitos y leyendas de México y los conceptos espirituales del Oriente. Y fue este sincretismo cultural, espiritual y estético lo que enriqueció sus significaciones poéticas, desdobló y afinó su lenguaje, y le permitió desplegar las alas de las más variadas y universales manifestaciones humanas”.

Mientras que Justo Arroyo, docente y académico, resalta la capacidad de Paz “para descubrir. Ilumina tanto el lenguaje culto como el popular, dando como resultado un permanente estado de asombro”.

MAESTRO GENEROSO

Para el poeta Young Núñez, Octavio siempre ocupará un sitio especial al lado de las poesías de Salvatore Quasimodo, William Buttler Yeats y Jorge Luis Borges.

Gloria Guardia, cuentista y ensayista, afirma que Paz fue “un poeta solidario, aunque paradójicamente se le conoció como ´el poeta de la soledad”.

Sobresalió, en opinión de la autora de la novela El jardín de las cenizas, por “su lucidez, su búsqueda de la conciliación. A través de una genuina voz poética, una solidez de contenido y una dicción inconfundible, plasmó los problemas sustanciales de la existencia: la angustia de la temporalidad, la esencial multiplicidad del ser humano, la enajenación de la mujer y el hombre contemporáneos, y su intento de vencer esta incomunicación por vías del erotismo”.

Los versos de Paz, en palabras de la médica y narradora Rosa María Britton, “tienen una enorme capacidad vital, que nos lleva a través de su larga trayectoria a presentarnos un alucinante mundo de imágenes y sentimientos que quizás nunca habíamos imaginado”.

“Son tantos los libros, tantos los ensayos, las palabras no alcanzan a reflejar la grandeza de uno de los genios del siglo pasado”, opina Britton.

La poesía de Paz, de acuerdo con el poeta y docente Moisés Pascual, “puede ser lo más parecido al agua o al diamante. Tras las palabras se puede leer el alma humana. Se pueden ver el mundo y las estrellas. Mirada de lupa, microscopio o telescopio”.

Se trata, indica Pascual, de un “creador de puentes entre la tradición y la ruptura, el afán de lo nuevo, la búsqueda y el experimento, sobre todo visual y conceptual de la poesía”.

“Con Paz, la poesía latinoamericana busca su internacionalización, una poesía para el hombre mundial que somos todos, lo que me recuerda a poetas como Darío, Huidobro o Jorge Luis Borges. Paz es el eslabón de una cadena de oro”, destaca Pascual.

VERSOS ESCOGIDOS

Libertad bajo palabra (1960), de Paz, es el volumen poético favorito de Justo Arroyo, académico y escritor.

Mientras que César Young Núñez relee con asiduidad su poema “La vida sencilla”, que forma parte de la Elegía interrumpida.

El libro favorito de Rosa María Britton de la autoría Paz es Árbol adentro (1987), “en donde nos habla del tiempo, de la muerte, de sus amigos, ciudades y obras de arte”.

La obra de Paz predilecta de Pascual es su antología Poesía en movimiento (1966). La que tiene, y guarda como un tesoro, es la versión de 1974.

“A través de ella conocí lo mejor de su pensamiento poético y de los grandes poetas mexicanos de todos los tiempos, que de alguna forma nos marcaron inconsciente y en silencio o, deliberadamente, ese gran descubrimiento, esa luz azteca”, plantea.

GRACIA EXPOSITIVA

Gloria Guardia califica de ensayista “excepcional e incisivo” a Octavio Paz.

Resalta su “capacidad inagotable de estudio, investigación y análisis de las múltiples y variadas manifestaciones históricas, culturales y políticas de América Latina; una aguda perspicacia al hablar sobre la contribución de los creadores del siglo XX al arte a través de los siglos; y el despliegue erudito e inigualable del legado de México al enriquecimiento de las lenguas y literaturas hispánicas”.

En los ensayos de Paz, a Justo Arroyo le impresiona su vasta cultura. “Pero no se trata de la mera exposición, sino del manejo de un enciclopedismo al servicio de una gracia expositiva”.

César Young Núñez alaba “la dimensión abarcadora que Paz dedica al entorno humano y físico del personaje que estudia y su ubicación histórica”.

SOR JUANA INÉS

César Young Núñez opina que el ensayo clave de Octavio Paz es Sor Juana Inés de la Cruz y las trampas de la fe (1982). “Se trata de un enfoque extraordinario sobre la deslumbrante figura de sor Juana y su hábitat histórico”, dice.

Justo Arroyo también selecciona este libro “por su erudición y penetración en la vida de esta extraordinaria mujer y poetisa”.

Rosa María Britton opina que es su ensayo fundamental. “Paz tiene un especial interés por el estudio de una mujer apasionante del mundo de la Nueva España del siglo XVII”.

Además de Sor Juana de la Cruz o las trampas de la fe, Gloria Guardia también propone acercarse a los ensayos: El laberinto de la soledad, El Arco y la Lira, Las Peras del Olmo, Claude Lévi-Strauss o El nuevo festín de Esopo, Los hijos del limo: del romanticismo a la vanguardia y La casa de la presencia.

Le son queridos a Guardia, porque en cada uno “se transparenta la aventura humana –con sus pasiones, locuras e iluminaciones- en la mirada de un interlocutor lúcido”.

TRADUCCIONES

Octavio Paz, en su libro Versiones y diversiones (1973), define la labor de traducir como un oficio que une muchas otras labores como “carpintería, albañilería, relojería, jardinería, electricidad y plomería”.

Es decir, explica Arroyo, “un trabajo de obrero”. En esta obra expone “sus teorías sobre la traducción a la vez que presenta una antología de escritores como William Carlos Williams, André Breton, John Donne y Fernando Pessoa”.

Guardia recuerda que Paz hablaba con propiedad el inglés y el francés. “Se valió del inglés para traducir la obra de poetas que escribieron en sueco, chino y sánscrito”.

Asimismo, comenta Guardia, se ha basado en las traducciones del mexicano José Juan Tablada (1971-1945) “para sus versiones al español de conocidos haikús”.

En las páginas de Traducción: literatura y literalidad y Versiones y Diversiones, enumera Guardia, podrán leer “traducciones excepcionales suyas de poetas franceses: Breton, Mallarmé, Char, Eluard, Michaux y Apollinaire; y de poetas ingleses y estadounidenses: Wallace Stevens y William Carlos Williams”.

Añade Guardia que sus traducciones de Pessoa “constituyen lo más abundante de su producción en este género. Paz también se anticipa en la traducción de cuatro poetas sobresalientes suecos, uno de los cuales, Lundkvist, sería quien le introduciría en el Nobel”.

De la etapa de traductor, César Young Núñez rememora la labor de Paz de traer al español Sendas de 0kú, de Matsuo Basho.

EL HOMBRE DE REVISTAS

Moisés Pascual rememora otra contribución de Octavio Paz a la comprensión y difusión literaria de América Latina y del mundo entero: su faena de editor de revistas culturales.

Nunca olvidará su primer contacto con las revistas Plural y Vuelta, “donde expuso lo mejor de nuestra poesía, criticando, polemizando, con gran altura y estilo, centrando su atención en la poesía mexicana como una de las más importantes de esta parte del nuevo mundo”.

Además, continúa, Paz dio su contribución con la Revista Mexicana de Literatura y El Corno Emplumado, entre otras.

CARA A CARA

Durante la estadía de Justo Arroyo en México como estudiante, “Paz era ya una figura universal que prácticamente me doblaba la edad. Asistí a actos en que aparecía, leí sus libros y revistas como Vuelta o Plural, pero siempre con la deferencia otorgada a un semidiós”.

Gloria Guardia tuvo el “privilegio de conocer y conversar con Paz en el otoño de 1967 cuando él dictó una conferencia y leyó una selección de sus poemas en el museo Guggenheim de Nueva York”. En esa época, la istmeña estudiaba en la Columbia University.

Años más tarde y porque Guardia y Paz eran miembros del Consejo Editorial de la revista El Pez y la serpiente, que fundó y dirigió Pablo Antonio Cuadra, “mantuve correspondencia con Paz en torno al material que elegíamos para publicar en esta excelente revista cultural”.

PANAMÁ

De acuerdo con sus investigaciones, Justo Arroyo no ha podido “ubicar una visita de Octavio Paz a Panamá, pero puede existir”.

Que César Young Núñez recuerde, el único panameño que fue gran amigo del Nobel de Literatura fue el escritor Roque Javier Laurenza. “Paz se lo encontró en un avión y le pidió una traducción de sonetos que hizo Laurenza del gran poeta portugués Luis Camoens, que luego Paz publicaría en la revista Vuelta”.

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