'Rent', el deseo irrefrenable por encontrar el amor

'Rent', el deseo irrefrenable por encontrar el amor
'Rent', el deseo irrefrenable por encontrar el amor

El musical, tanto el que se desarrolla en un escenario como el que ocurre al frente de una cámara de cine, es el género por excelencia de la alegría plena y de los finales preferiblemente positivos.

Visto a partir de esas característas, entonces Rent es un antimusical como lo fue en su momento Spamalot, de los Monty Python, y el Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet, de Stephen Sondheim.

Spamalot lo es, no por su condición de parodia en torno a la Edad Media, sino porque su estructura se burla, y a la par rinde honores a los musicales de Broadway.

Mientras que la obra de Sondheim cumple con esta condición porque ofrece personajes miserables, desagradables, pusilánimes y bárbaros, donde la violencia

más brutal y gráfica está a la orden del día.

En tanto, Rent es un antimusical, aunque en principio esto parezca un contrasentido siendo un ícono de Broadway, porque los hombres y mujeres que lo pueblan son artistas en paro sin un ápice del glamur que trae consigo el triunfo, algunos son enfermos en estado terminal, y a más de uno lo aqueja la soledad, la tristeza o la melancolía.

Todos los personajes de Rent están marcados por los peores villanos que puedan existir en la vida de alguien: la pobreza, el desamor, la muerte, los prejuicios, la ignorancia, el racismo, la hipocresía y la ausencia de solidaridad.

El libreto, la música y las letras de Rent (estrenada en 1996) son responsabilidad del estadounidense Jonathan Larson, quien se basó en la ópera La Bohème, de Giacomo Puccini, estrenada en 1896, compositor italiano que a su vez se inspiró en una novela del escritor francés Henri Murger, publicada en 1851.

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Bruce Quinn: el padre del musical panameño

Estamos ante un reparto multicultural, es decir, sus actores y actrices son un mural de lo que es en el fondo Panamá, un crisol de razas.



PARADIGMAS

Si usted como espectador piensa que los musicales en Panamá son siempre estelarizados por rostros conocidos, entonces Rent le va a gustar también por esa otra razón, ya que rompe con ese paradigma, al ofrecerle una oportunidad a una nueva generación de intérpretes nacionales que encuentran en esta ocasión su primer gran protagónico (aunque tengan una hoja de vida amplia como secundarios) y que a futuro merecen seguir en ese nivel estelar.

Estamos ante un reparto multicultural, en el que hay personas de estaturas altas y otras bajas, los hay delgados y con sobrepeso, algunos son de piel negra, blanca y combinaciones varias, es decir, son un mural de lo que es en el fondo Panamá desde sus orígenes, un crisol de razas, aunque entre nosotros tengamos a más de un discriminador, y a más de un retrógrado, que se olvidan precisamente de que somos diversos.

El reparto coral y central de Rent lo integran los geniales Luis Rosman (Tom Collins), Ronny Sucre (Ángel), Odette Versailles (Joanne), Valery Troncoso (Maureen), Ezequiel Rangel (Roger), Ana Camila Granados (Mimi), Luis Miguel Fajardo (Mark) y Roberto Thomas Díaz (Benny).

Mientras que los actores de soporte, igualmente sobresalientes, son Emely Myles, Alicia Vivas, María Sofía Sayavedra Pace, Liz Gabrielle Pitti, Mónica

Nieto, Luis Salas, Javier Cerrud, Carlos Alemán, Edixo Jiménez y Juan Pablo Delgado.

Su propuesta escénica, un reflejo de la versión de Broadway, es refrescante y vibrante.



ENSEÑANZAS

Rent, aunque ocurre en el East Village de Manhattan (Nueva York) de los años 1990, tiene una vigencia hoy que preocupa, porque significa que hay mucho por hacer en una sociedad mundial que se cree realizada.

Lo que escuché, lo que vi y lo que sentí en el teatro La Plaza me lleva a confirmar que todo lo que ofrece Rent es básicamente un discurso a favor del ser humano en pos de sus sueños, en búsqueda permanente de su felicidad y su deseo irrefrenable por encontrar el amor.

Rent aboga por los derechos de todos los habitantes de la Tierra. No solo es sobre la igualdad que merece la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT), ni solo es sobre los enfermos del VIH-sida ni de sus familiares, como podría ser la lectura más lineal.

Esta puesta en escena, dirigida por Andrés Holder y producida por Diana Abouganem, es una de las mejores obras que se han presentado en Panamá.

Todo su elenco funciona a cabalidad, pues saben cantar, bailar y actuar, sin descuidar ninguno de estos renglones.

Entre ellos no hay desnivel, no hay alguien tan sobresaliente que opaca drásticamente el desempeño del resto.

La propuesta escénica, un reflejo de la versión de Broadway, es refrescante y vibrante, y se acopla con una música en directo que no estorba sino que agrega, y un diseño de luces que es sencillamente espectacular.

Detesto el exceso de calificativos y con Rent bien vale usar todos los que pueda, porque estamos ante un hecho casi único en el ambiente teatral nacional: un musical plenamente redondo.

AUDAZ

Rent es franca, audaz yelectrizante. No se anda con dobleces ni le teme a los reclamos que nunca faltan por aquellos que no se dan la ocasión de conocer, respetar y aceptar a sus semejantes que ellos piensan que son distintos a ellos, aunque todos seamos personas de carne y hueso, con nuestros sentimientos

y emociones.

También trasciende porque evidencia lo que debe y no se rige por la estrechez y la cobardía de lo políticamente correcto.

Llevar a proscenio Rent es una decisión valiente y que es más que necesaria por estos días que corren, cuando más de un sector en nuestra Panamá querida manifiesta, sin descaro, una intolerancia sin límites.

Si alguien opina que Rent es “demasiado fuerte” porque trata temas tabúes y que deberían ser prohibidos, entonces lo mejor es que se ahorren un desmayo y nunca vean las puestas liberales de Hair, de James Rado y Gerome Ragni (con las letras), y Galt MacDermot (música) o el Equus, de Peter Shaffer.

Esperemos que a piezas como Rent y Hair les ocurra lo de Casa de muñecas (1879), de Henrik Ibsen, que hoy casi nadie en su sano juicio la censuraría, pero en su momento histórico fue atacada en más de un territorio misógino, porque era un escándalo que abogaba por los derechos de las mujeres.

Rent es especial para las almas libres y libertarias, para los corazones que no le tienen miedo al amor en sus distintas dimensiones, y está

pensada para mentes que creen más en los horizontes y no en las murallas mentales construidas por cuestionables acciones rutinarias.

Rent sabe complacer en lo intelectual y en lo sensorial y por eso propicia maravillas en el espectador. De allí que usted saldrá del teatro La Plaza escuchando en su cabeza sus absorbentes canciones y va ir por la calle tarareando esas piezas que hablan sobre seguir adelante, sobre no detenerse ante los convencionalismos y sobre la necesidad de seguir creyendo que lo imposible se puede.


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