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27 may 3 bodas de más: Sobre amores, bodas y un par de langostas

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Las bodas son una bomba de estrés por las decisiones que debes tomar en un corto período: a quién invitar, qué comida se servirá, cómo serán los centros de mesa, la música a seleccionar, el lugar donde ocurrirá el enlace, el presupuesto con que se cuenta, dónde será la luna de miel, que el fotógrafo no pierda las imágenes tomadas, la dieta para que luego el vestido te quede perfecto...

Sin olvidar que una boda es una fiesta para celebrar que dos personas van a unir sus vidas para siempre, aunque lo que las estadísticas señalan es que no se cumple necesariamente aquello del para siempre.

Pero no todos disfrutan de las bodas a plenitud.

Ya no hablo de los padres que deben ser los productores principales del evento o si alguien de la familia tiene sus dudas sobre la unión, o si una persona está celosa que fulana se une a zutano en vez de haberlo hecho con él, sino que hablo de un sector particular de los invitados: los solteros que asisten, pues más pronto que tarde experimentan una presión interna y externa igual o peor que la que tienen los novios cuando el sacerdote dice que si hay una persona que se opone al enlace.

Esa presión interna radica en que es posible que le pregunten cuándo le tocará a él o a ella estar en el altar y ser saludado, fotografiado y besado por todos.

Mientras que la presión externa proviene de sus padres, tíos, abuelos, hermanos, amigos y hasta desconocidos que le interrogan que cuándo es que se casa, que el tren los va a dejar, que el reloj biológico está corriendo, que quiero un nieto antes de que no pueda cargarlo, que si fueras menos amargado o menos autoritaria ya habrías conseguido pareja...

Para poder resolver ese compromiso o para llegar a concretarlo y así poner contentos a todos, hay que tener la novia o el novio correspondiente, y quizás ese soltero que está en la mira va a esa boda solo o con un amigo o tiene la ilusión de que en la ceremonia encontrará a ese que compartirá sus penas y alegrías hasta que la muerte los separe.

La comedia de situación 3 bodas de más estudia a esos solteros dignos de compasión.

El resto del paquete no lo toma en cuenta el director Javier Ruiz Caldera, y no molesta que lo haga. Entre más preciso sea un universo argumental mejor.

Esta simpática producción española fue seleccionada como una de las películas más populares del pasado tercer Festival Internacional de Cine de Panamá.

Ruiz Caldera debe sentirse muy feliz, no solo por esta distinción, sino porque es la segunda vez que la recibe, ya que en la segunda versión del Festival Internacional de Cine de Panamá otra comedia suya, Promoción fantasma, obtuvo el mismo beneplácito del público nacional.

En ambos largometrajes, el cineasta demuestra la cultura cinematográfica que tiene. Por lo que el espectador debe estar pendiente de qué escena es un homenaje a qué título.

En 3 bodas de más, Ruiz Caldera explora los límites de los sentimientos y frustraciones de una solterona, Ruth (una sobresaliente Inma Cuesta que debuta en un protagónico dentro del género comedia), una despistada, sumisa y cándida científica que sabe más de las langostas que estudia en su laboratorio que del amor.

En la piel de Ruth se plantean temas como si la persona debe cambiar o evitar los conflictos, todo para ser correspondida con el amor de alguien; así como lo complicado de estar con un ser humano (más allá si son opuestos o parecidos en cuanto a personalidad) y lo difícil que puede ser estar solo.

Los problemas de 3 bodas de más aparecen cuando uno ve lo completo que está el personaje de Ruth y lo débil que están confeccionados el resto de los hombres y mujeres que aparecen a lo largo de la hora y media de proyección.

Sabemos poco de los tres novios que se aprovecharon de Ruth y que encima se atreven a invitarla a sus respectivas bodas. Sí, porque ella recibe tres invitaciones de bodas en un mismo día. Eso es para cualquier ser humano el primer paso a la locura.

La agresiva madre de Ruth, sus extraños exnovios, los posibles novios a conseguir y sus bochinchosas compañeras de trabajo, todos están como en borrador en un guion que pierde el combustible a medio camino, aunque antes de los créditos medio que recupera el aliento.

Tres bodas de más va de los chistes groseros que recuerdan a las comedias de humor negro de Paul Feig y la de los hermanos Peter y Robert Farrelly, a la ternura de las comedias románticas de Mike Newell y George Cukor.

Eso lleva a que a veces sea transgresora y en otras tradicional, aunque en el fondo su planteamiento es conservador, pues aboga por casarse como fin último de cada individuo, no da espacio a que hombres y mujeres se queden solos si así lo quieren, obliga a que ser feliz se traduce en estar con otra persona, que el amor verdadero siempre aparece y que la misa con la posterior fiesta debe darse para que el ciclo del bienestar terrenal se complete.

¿Vieron 3 bodas de más o Promoción Fantasma? ¿Cuál es su película sobre bodas favorita y por qué?

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