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31 ago ¿Por qué dejamos perder el Teatro Bella Vista?

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Con la demolición esta semana del edificio que albergó por tantos lustros el Teatro Bella Vista, termina, para siempre, otro capítulo de la historia fílmica de Panamá.

Es seguro que tal como estaba hoy era un peligro y es más que probable que la ausencia de mantenimiento lo hirió de muerte, ¿pero por qué no se rescató a tiempo? Desidia, ignorancia y desprecio por el pasado pueden ser algunas de las respuestas.

Más de un Gobierno debió rescatar este espacio para darle sede a algún centro cultural o deportivo o transformarlo en un lugar que diera cabida a una o varias ONG vinculadas con fines formativos.

Pero no, el afán por obtener dinero fácil, rápido y abundante, ese gusto enfermo por las ganancias materiales, llevan a que los supuestos líderes de este istmo vuelven a darle la espalda a la cultura, a la educación y a la historia.

Esta ciudad, ni el país entero, no tiene suficientes salas de eventos de buen tamaño y de condiciones óptimas, ¿por qué el Instituto Nacional de Cultura o el Ministerio de Educación o alguna otra figura dentro del Estado propuso darle un buen uso al Teatro Bella Vista? ¿Por qué no usarlo como un museo de las artes visuales o un centro de investigación de lo audiovisual?

No, ¿para qué sirve eso de la cultura?, se preguntarán los desalmados de este y más de un Gobierno pasado. ¿Qué rentabilidad dará eso a mis bolsillos?, dirán otros aún peores de la empresa privada.

¿Será que un centro comercial de siete pisos o un proyecto habitacional de 40 pisos es más relevante que tener sitios donde educar a un pueblo que tanto lo necesita? Parece que la respuesta es un terrible sí. Ese terreno debe valer una gran cantidad de billetes verdes y es impensable que los malvados no se aprovechen de ese lugar para satisfacer sus fines financieros.

El Teatro Bella Vista fue, entre principios de los años 1950 y finales de 1980, una de las principales salas de cine y dueña de una de las más grandes pantallas del istmo, solo igualada en tamaño a la que ostentaban las salas del Plaza, el Metro y el Ópera.

Este cine de primera categoría, uno de los edificios más emblemáticos del sector de Bella Vista, fue una obra del arquitecto Richard Holzer, quien por entonces laboraba para la firma Schay & Holzer Arquitectos.

Esta infraestructura fue construida entre 1950 y 1951 de acuerdo a la Investigación, Documentación y Conservación de Monumentos Modernos.

Cuando se estrenó, eran los tiempos en que ir al cine significaba llegar a la sala con las mejores galas a ver títulos emblemáticos como Quo Vadis y Sansón y Dalila.

¿No hay asidero legal que proteja a los inmuebles de Bella Vista y a otros sectores que no entren en el radio de San Felipe, Panamá Viejo y Portobelo?

Entonces, ¿la sentencia es ver cómo los gobiernos de turno y las compañías inmobiliarias destruyen el patrimonio de todos y que los responsables no paguen por ese crimen?

¿Cuántos vieron en el Teatro Bella Vista su primera película? ¿Cuántos fueron con el amor de sus vidas a ver una producción? ¿Cuántos dieron su primer beso o se atrevieron a tocarle la mano a su amada usando la penumbra de la sala como cómplice? ¿Cuántos sueños hechos de celuloide arrebatados sin poder rescatarlos?

Nada de eso es relevante para los poderosos que piensan que se llevarán a la tumba toda su plata.

¿Ahora qué viene? ¿Venderán el Teatro Balboa, el Anita Villalaz y el Teatro Nacional? Nada debe sorprendernos, si las decisiones las toman gente sin corazón y conciencia, que piensan que Panamá tiene un precio y que a quien pueda pagarlo se le venderá la patria, eso sí, por pedazos, para que el país les rinda más a los gobernantes sin escrúpulos.

¿Qué opinan del cierre del Teatro Bella Vista? ¿Qué recuerdos tienen de esa sala de cine? ¿Se respeta en este país el patrimonio arquitectónico, histórico y cultural?

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