La delicadeza: la desigualdad en el cine

Audrey Tautou siempre me ha parecido la versión moderna, y francesa, de la intérprete británica Audrey Hepburn, a quien la actriz gala rindió un sentido homenaje en esa bella película que fue Amelie (2001).

La talentosa y carismática Tautou protagoniza la más que recomendable comedia romántica La delicadeza (La délicatesse), la historia de una mujer que pierde al amor de su vida y a partir de entonces su existencia tomó un color gris, ausente de energía, en la que su personaje parece más un ser sin alma, una especie de robot con piel que no responde a  emociones.

La delicadeza es sobre los sentimientos que se pierden tras un hecho traumático y que luego la persona debe buscar el mecanismo para recuperarlos; es sobre segundas oportunidades que en ocasiones el destino le brinda a los  seres humanos; es sobre el ejercicio de intentar la recuperación tras una pena honda, y ver hacia adelante, aunque sea tentador, y enfermamente reconfortante, mirar al pasado que fue tan bueno.

Después de ver La delicadeza uno agradece que todavía el séptimo arte se arriesgue con un cine íntimo, sencillo, que hable sobre situaciones que a muchos les pasa, y es cuando, una vez más, me indignó que esas producciones tengan mínimas posibilidades de estar en igualdad de condiciones con los éxitos del verano cinematográfico de Estados Unidos.

Lo que me molesta  es esa condenada desigualdad que siempre anda suelta. Sí, sé que no es una novedad que las películas independientes tengan escasa presencia en la cartelera nacional y soy consciente de que los filmes del Hollywood industrial inundan  Panamá y casi todas partes del planeta donde hay una multisala.

La delicadeza está en solo dos salas del país (Multiplaza y Westland), y otra ternura pletórica de humanidad, y también francesa, Declaración de guerra, está en un solo espacio y en una tanda: a las 7:35 p.m. en Multicentro.

Como era de esperarse, el fin de semana pasado las películas con menos apoyo de la audiencia nacional fueron precisamente La delicadeza y Declaración de guerra.

En cambio, si no me equivoqué mientras contaba con el enojo que llevo a cuestas: Wolverine la encuentran en 24 salas; Pitufos 2, en 20; ¿Qué paso ayer? 3, en 12, y Red 2, en 9.

No tengo nada en contra de estos títulos, creo que se deben proyectar películas de todo tipo, lo que me irrita  es que haya una desproporción entre unos filmes y otros. No hay derecho.

¿Pudieron ver alguna de las dos películas francesas? ¿Qué les parece esa desigualdad en la presencia abrumadora de algunas películas vs. la casi ausencia de otras propuestas en el país?


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