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02 may 'No', democracia recuperada

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La película chilena No cumple con ese propósito de mostrar el ayer, a fin de evitar que quede escondido en un libro de historia que nadie consulta, para que vuelvan a salir a la luz hechos que definen a un país y que esos hechos inviten al debate y a la reflexión entre los jóvenes, adultos y viejos.

Este drama de Pablo Larraín, nominado al premio Oscar como mejor producción extranjera y distinguida en los festivales de Cannes y La Habana, es sobre todo el talento que estuvo involucrado en la campaña del No, es sobre los entretelones de un esfuerzo publicitario para que los opositores a un régimen brutal salieran a la calle a votar,  sobre cómo unos eslóganes llenos de humor, inocencia y optimismo colaboraron a que un plebiscito hiciera lo impensable: que un recurso legítimo de consulta popular fuera el  vehículo para terminar en 1988 con la dictadura militar de Augusto Pinochet.

No, que se presentó en el pasado Festival Internacional de Cine de Panamá y que se estrena ahora en las salas del istmo, es sobre cómo la valentía y el ingenio son armas poderosas para vencer al mal, es acerca de cómo nada es imposible cuando hay un pueblo unido en un mismo fin: terminar con una enfermedad.

Estamos ante una película heroica y épica, de esas que son inolvidables, de las que son necesarias que se filmen para que la democracia se fortalezca, para que recordemos por qué es necesario evaluar las acciones del ayer, lo que pasa en este momento y lo que está en el porvenir.

En 1988, cuando ocurrió el plebiscito que terminó con la dictadura militar chilena. Había una situación en la política internacional, diametralmente, distinta a la que existe ahora.

Europa ni tenía idea de que luego sería una comunidad más o menos unida, estaba la Guerra Fría en todo su apogeo. La extinta Unión Soviética le daba batalla a Estados Unidos para ver cuál tenía más injerencia global, y el muro de Berlín estaba aún de pie.

En el plano tecnológico: nadie se esperaba que en el futuro habrían redes sociales cibernéticas que te conectarían literalmente con el mundo. Por entonces tampoco existían los teléfonos celulares ni las computadoras portátiles personales. Eso significa que las relaciones eran totalmente distintas a como se entienden por estos días.

“Los jóvenes hoy día con dificultad pueden imaginarse algo ocurrido en 1988. Les estamos hablando de la prehistoria en la película No. A Alejandro Magno y el plebiscito en Chile se les confunde entre sí. Saben que el primero fue un poquito antes”, comenta Juan Forch, uno de los tres directivos de la campaña publicitaria del No en el Chile de finales de la década de 1980, y uno de los que de alguna manera aparecen retratados en la producción No.

Comenta el también escritor que visitó el istmo como uno de los invitados del Festival Internacional de Cine de Panamá, que “la velocidad como ha avanzado todo en estos 25 años es de un dinamismo increíble”.

Por eso, dice, ha sido tan importante la película No en su país, ya que “ha hecho pensar a los que éramos ya adultos en esa época sobre lo que ha pasado en todo este tiempo”.

Asegura que hoy en Chile hay una sana controversia en torno a esta película del director Pablo Larraín, pero al final no es contra este largometraje, sino que “la propia situación política del país es la que te enfrenta a pensar qué ha pasado en Chile desde el fin de la dictadura”.

Define a la juventud estudiantil chilena del presente como sumamente activa, inquieta y propositiva, que “está exigiendo una serie de cosas que en este último cuarto de siglo no se han hecho como debe ser. Ellos no le están exigiendo ni reclamando nada a la dictadura de Augusto Pinochet, sino que le están reclamando qué ha hecho la democracia que vino después, lo cual me parece muy legítimo”.

Reclaman que lo se debió hacer, justas reclamaciones en el plano social, cultural y educativo, “no se hizo a plenitud como debió pasar y la película No es un aliciente para que esto se discuta y ese ha sido uno de sus papeles, independientemente de las intenciones de sus creadores”.

Vean pronto No, está en una sola sala de la ciudad capital (es una locura), y encima la estrenan a la par que Iron Man 3.

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