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22 may El príncipe Quino

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Quino, el papá de esa pequeña que ha luchado contra la injusticia y el consumo de la sopa, obtuvo ayer el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades por denunciar lo que está torcido en el mundo, a través de sus innumerables dibujos.

El sentido del humor, muchos papeles y un sinfín de lápices han sido las herramientas para que Joaquín Salvador Lavado, el nombre verdadero de este artista del trazo, le recuerde a sus lectores que la sociedad tiene sus altas y sus bajas, y que se debe trabajar para que los valores salgan adelante y se deje relegada la maldad y sus secuaces.

La labor de Quino (Mendoza, Argentina, 1932) es llevar a su público a preocuparse y a indignarse por los varios pendientes que hay para que la democracia, la ley y la igualdad se apliquen en todas partes, y lo hace desde la ironía, el ingenio, la ternura y cierta desesperanza.

La distinción, que fue anunciada en Oviedo (España), es una alegría más para un Quino que vive uno de sus mejores momentos, ya que este año Mafalda cumple 50 años y se ve de maravilla la chica para ser sinceros, y su creador ha sido la estrella en las ferias del libro de Buenos Aires y Frankfurt.

Mafalda, preocupada por el planeta y sus habitantes, fue descrita por el jurado del Asturias como “una niña que percibe la complejidad del mundo desde la sencillez de los ojos infantiles”.

El acta señala que “los lúcidos mensajes de Quino siguen vigentes por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento”.

Los responsables del Asturias resaltaron el “enorme valor educativo” y la “dimensión universal” de las creaciones de Quino, quien ha inventado unos personajes que “trascienden cualquier geografía, edad y condición social”.

TRAZOS MÁGICOS

Qué alegría cuando un artista en ciernes se encuentra con una persona que lo alienta a perseguir sus sueños. En el caso de Joaquín Salvador Lavado, hijo de andaluces emigrados a Argentina en 1919, fue su tío Joaquín Tejón, pintor, ilustrador y diseñador gráfico, quien le dijo que tenía talento, y bastante.

Con esa idea clara, Quino, como lo conoce medio planeta, estudia dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza en 1945.

Cuatro años más tarde, como que el asunto no le gustó tanto y abandonó las clases para hacer humor desde sus historietas.

Tocó las puertas a cuanto periódico y revista pudiera, hasta que logró publicar sus primeros trazos en 1954 en el semanario Esto es, de Buenos Aires.

Ya para 1957 era colaborador habitual de medios de comunicación social argentinos como Rico Tipo, Dr. Merengue y Tía Vicenta, y también sus ilustraciones fueron usadas en más de una campaña publicitaria.

Por entonces, los amigos de su tío Joaquín, para no confundirse, comienzan a llamarlo Quino al sobrino, y por allí se volvió normal.

PEQUEÑA GIGANTE

Quino, quien nació en la ciudad de Mendoza, en el oeste de Argentina, el 17 de julio de 1932, experimentó cómo su vida cambió de forma permanente cuando comienza a compartir su visión del mundo desde las voces de la valiente Mafalda, el mercantilista de Manolito, el soñador de Felipe, la existencialista Libertad, la frívola Susanita y el ocurrente Guille, entre otros inolvidables personajes.

Mafalda fue al principio invitada especial del suplemento Gregorio de la revista “Leoplán”.

Su debut fue el 29 de septiembre de 1964, y con paso firme fue calando tanto en personas de todas las edades, colores y pensamientos, que pasa al semanario Primera Plana, más tarde a periódicos de tiraje nacional, a la televisión y después diarios del extranjero, incluyendo a La Prensa de Panamá.

En 1969 se edita el primer libro de Mafalda fuera de las fronteras de Argentina (Mafalda la contestataria) en Italia.

Al año siguiente, la obra llega a las librerías españolas y la censura franquista le exigió “a los editores ponerle una franja en la tapa con la leyenda ´para adultos”.

Cuenta la leyenda que la pequeña, una crítica profesional, surge porque a Quino le pidieron un personaje cuya primera letra fuera la M, ya que iba a ser usada para una promoción de la firma Mansfield.

Lo curiosa que es la vida, el anuncio nunca salió, pero ya que Mafalda estaba, Quino decidió usarla para que fuera la portavoz de todo lo que ocurriría en la convulsionada década de 1960, no solo en la Argentina, sino en el resto del globo terráqueo.

“Yo hacía mi trabajo y nada más”, señaló el dibujante hace poco a una agencia internacional de noticias, y agregó que su rutina era cada mañana leerse “tres o cuatro periódicos” para buscar que las musas lo visitaran y que apunta como único mérito el tener “una especie de antenita” para saber captar el ambiente.

En 1989, para celebrar los 25 años de la publicación de la primera tira, se organizó en Argentina la exposición “Mafalda Inédita”, tres años después, Madrid acogió una gran muestra titulada “El Mundo de Mafalda” y en 1999 vio la luz “¡Qué mala es la gente!”.

Cuando Quino decide ponerle fin a las sanas proclamas de Mafalda, en 1973, se inclinó a dibujar con un tono más oscuro, contundente, ausente de la inocencia crítica de Mafalda y sus compinches.

Aunque Quino, hoy de 81 años, ha recopilado sus historietas en obras como ¡Qué presente impresentable! (2005), La aventura de comer (2007) y ¿Quién anda ahí? (2013), lo siguen asociando a Mafalda, y son las aventuras y las travesuras de esta niña las que han calado más en los lectores.

¿Cuál es su personaje favorito de Quino y por qué? ¿Qué tira cómica de Mafalda es su predilecta?

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