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Una vida en oposición: la historia de Boris Betancourt Hernández

Una vida en oposición: la historia de Boris Betancourt Hernández

Boris Betancourt Hernández es un líder opositor cubano cuya vida ha estado marcada por la persecución política sistemática desde la adolescencia. A los 15 años firmó el proyecto Varela e Inició su activismo a los 16 años, enfrentando desde entonces detenciones arbitrarias, procesos judiciales fabricados, encarcelamientos, vigilancia permanente y exilio forzado, como consecuencia directa de su defensa de la libertad de expresión, los derechos humanos y la dignidad del pueblo cubano.

Su compromiso definitivo con la lucha opositora se profundizó tras hechos que marcaron a toda una generación de disidentes. En 2010, la dictadura de los castros asesinó a Adrián Leiva, uno de sus principales líderes, amigo y vecino y referente político. Dos años más tarde, en 2012, la misma dictadura de los castros asesino a su siguiente líder, “Oswaldo Payá”, líder histórico de la oposición democrática y símbolo internacional de la resistencia cívica en Cuba. Estos crímenes políticos provocaron en Boris Betancourt una indignación aún mayor y reforzaron su convicción de que el régimen no admitía reformas ni disidencia pacífica sin represión. Lejos de amedrentarlo, estos hechos consolidaron su determinación de continuar el legado de ambos líderes y preservar su memoria como eje central de su lucha.

Durante sus años de encarcelamiento en Cuba, Boris Betancourt fue víctima de abandono médico, malos tratos, torturas físicas y psicológicas, así como humillaciones constantes y prolongadas. Estas prácticas, documentadas por su entorno familiar y legal, tenían como objetivo quebrar su voluntad y forzarlo a incriminarse falsamente o a colaborar con el G2, el aparato de inteligencia del régimen. A pesar de la presión extrema, nunca renunció a sus principios ni aceptó cooperar con las autoridades. Su liderazgo se mantuvo firme incluso bajo amenazas directas y vigilancia permanente.

La persecución no se limitó a su persona. Desde 2021, el hostigamiento se extendió a su núcleo familiar en Cuba y a otros familiares cercanos, quienes fueron sometidos a vigilancia constante, amenazas de desalojo de su vivienda y represalias directas por su vínculo con Boris Betancourt. Agentes de la seguridad del Estado realizaron intimidaciones reiteradas, exigieron acceso forzado a la vivienda, impusieron interrogatorios y condicionaron su seguridad bajo amenazas de prisión.

En el exilio, la represión continuó de forma encubierta. En 2019, impulsado por el legado y la memoria de sus líderes Adrián Leiva y Oswaldo Payá, Boris Betancourt fundó la organización Camino a la Democracia Pacífica de Cuba 2019 (CDPC), con el objetivo de promover una transición democrática, cívica y no violenta para la isla. A finales de ese mismo año, convocó reuniones en Cancún, Quintana Roo (México), donde la dictadura del gobierno de los castros- comunista logró infiltrar agentes de inteligencia en la organización. Utilizando sus redes de espionaje principalmente provenientes de Estados Unidos y México, estos agentes lograron grabar reuniones y obtener información muy sensible sobre la estructura, logística y acciones del movimiento, así como sobre su articulación con activistas y opositores que posteriormente participarían en las manifestaciones pacíficas del 11 de julio de 2021 en Cuba.

En 2021, en San José, Costa Rica, la infiltración se repitió. Dos agentes del G2 —uno residente en Texas (Estados Unidos) y la otro con estatus de refugiado en Costa Rica— se hicieron pasar por colaboradores interesados en apoyar la causa. Su verdadero objetivo fue espiar, grabar y extraer información estratégica, lo que derivó en una nueva escalada represiva contra su familia en Cuba. Como consecuencia directa, un agente de la policía política interna, identificado por él como el agente “Valentín” fue asignado de forma permanente a la vivienda familiar. Las amenazas incluyeron mensajes intimidatorios como: “ya sabemos que estás en Panamá y estás Trankilo ” o “es mejor que te entregues en Cuba, te va a ir mejor”, utilizando chantaje psicológico, vigilancia constante e intervención de comunicaciones, prácticas habituales del régimen contra opositores políticos.

A Boris Betancourt se le han imputado reiteradamente delitos comunes fabricados, una estrategia recurrente del régimen cubano destinada a impedir su reconocimiento como preso político o preso de conciencia. En su caso, no se trata de una sola acusación, sino de siete procesos penales falsamente vinculados a delitos de drogas, construidos de manera acumulativa con el objetivo de solicitar la pena máxima, incluyendo cadena perpetua e incluso pena de muerte, dentro de una petición internacional presentada ante Interpol. De acuerdo con información vinculada al propio expediente, los cargos ya han sido formalmente montados y posteriormente ajustados para justificar una eventual eliminación física bajo apariencia de legalidad. Este patrón evidencia una estrategia deliberada de criminalización extrema contra un opositor político, sin consideración alguna por su inocencia ni por las implicaciones internacionales que ello conlleva para terceros países que puedan verse involucrados.

Adicionalmente, información de contrainteligencia alertó sobre la presencia de una brigada de reconocimiento militar cubana operando en Centroamérica, específicamente en Costa Rica, dedicada al seguimiento y vigilancia de Boris Betancourt y otros opositores. Esta información fue confirmada por un agente infiltrado que decidió advertir sobre dichas operaciones.

En febrero de 2024, Boris Betancourt llegó a Panamá con la intención de solicitar asilo político, al considerar al país uno de los más democráticos de la región y un espacio seguro para su protección. No contaba con pasaporte, ya que el régimen cubano se lo había negado de manera sistemática, lo que convirtió a Panamá en su única vía posible para formalizar su solicitud de protección internacional.

Actualmente, más de 1,500 personas permanecen presas en Cuba en condiciones similares, muchas de ellas presos políticos y presos de conciencia, aunque el régimen continúa fabricando cargos comunes para ocultar la verdadera motivación política de su encarcelamiento. El caso de Boris Betancourt Hernández se inscribe dentro de este patrón de represión estructural, persecución transnacional y criminalización de la disidencia política ejercida por el régimen de los castros.

Firma,

Katerine Lisseth Torres González

Una vida en oposición: la historia de Boris Betancourt Hernández

“Las afirmaciones, opiniones y todo lo expresado en este comunicado son responsabilidad única de su autor y quienes sufragan su publicación”.