La mayoría de los estadounidenses recibió con indiferencia la noticia de la semana pasada de que una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que el uso de teléfonos celulares podría aumentar el peligro de cáncer cerebral.
Algunas personas prometieron adquirir audífonos para protegerse de la radiación, pero la mayoría de los usuarios pareció desestimar la advertencia por considerarla demasiado vaga, o porque piensa que si el aparato más útil de la vida moderna representa un riesgo grave para la salud, pues ni modo.
“Yo estaba viendo las noticias sobre eso y pensé: ‘Yo ya estoy desgraciada, porque llevo siete años hablando por teléfono”, dijo Genevieve Chamorro, una neoyorquina de 31 años que estaba comprando un celular.
John Gottani, gerente de una tienda de celulares en Nueva York, dijo que ha estado vendiendo teléfonos desde hace seis años y nunca nadie le ha preguntado si causan cáncer.
La Agencia Internacional de Estudios Oncológicos revisó decenas de investigaciones sobre celulares y cáncer antes de clasificar el martes los celulares como “posiblemente cancerígenos”.
Es una categoría de riesgo que incluye los turnos laborales nocturnos, los gases de los motores y el café. Ningún estudio ha mostrado con certeza ni ha descartado un vínculo entre los teléfonos celulares y el cáncer. Pero los expertos dicen que, si existe un vínculo, es improbable que sea fuerte.
