Una iniciativa que se ha estado promoviendo en algunos países como España y Japón, es la creación de huertos urbanos, que permiten a los habitantes disponer de productos comestibles frescos y libres de pesticidas, contribuyendo así a su salud, nutrición y seguridad alimentaria.
Incluso, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación está promoviendo este tipo de huertos en países de África y América Latina.
En Panamá existe una iniciativa de esta clase denominada “Huertos Urbanos con Ingenio” (URBACIN), promovida por la Fundación Ingenia (Fingenia), la Universidad Santa María La Antigua (Usma) y el proyecto de agroturismo sostenible rural El Motete.
A través de cursos que se imparten en la Usma, más de 800 personas han sido capacitadas sobre cómo preparar la tierra, hacer abono natural y crear un huerto en sus casas, explica el ingeniero Samuel Vásquez, decano de la Facultad de Ciencias Naturales y Tecnología de esa universidad.
Francisco Rodríguez, uno de los participantes recién graduado, cuenta que decidió tener su propio huerto luego de ir al mercado de abastos y ver que los precios habían aumentado. Como él, para muchas familias, la agricultura ecológica en el hogar representa un ahorro.
“Los huertos urbanos permiten tener una actividad que distrae y une a la familia. Si se produce en exceso, se pueden vender esos productos y obtener un ingreso. Ese es otro fin de este proyecto: crear emprendedores”, afirma el decano Vásquez.
Panamá es un país ideal para esta práctica, pues se necesitan unas cinco horas de luz directa al día, dice la ingeniera y profesora Anet Palma, de Fingenia.
Añade que tradicionalmente en las ciudades se ha visto la agricultura como una actividad degradante, por lo que con este proyecto intentan cambiar esa mentalidad, algo que podría facilitarse con el auge de los productos orgánicos y el alto costo de los alimentos.
En el huerto demostrativo instalado en la Usma, Vázquez rodeado de plantas de tomates, apio, ajo, berro, albahaca, lechuga, pimentones y cilantro explica que no es necesario vivir en una finca para cultivar estos productos.
En los edificios se pueden instalar huertos en azoteas y balcones, y quienes disponen de un terreno, pueden sembrar yuca, otoe, mango y marañón, entre otros.
“En un balcón se puede sembrar hasta plátano cuadrado o guineo chino”, afirma Aida de Montenegro, de la finca El Motete.
No se requiere gastar dinero extra en maceteros. Un envase plástico o de foam se pueden reutilizar como potes temporales mientras las plantas crecen, y se puede reusar madera o muebles viejos para colocarlos.
Además de los beneficios ecológicos y terapéuticos que ofrece el cultivar hortalizas, verduras y frutas para el autoconsumo, frente a la amenaza de la crisis alimentaria en el mundo, esta actividad también constituye una forma de desarrollo sostenible.

