El negocio de alimentos "orgánicos" del que tanto se precia el príncipe Carlos de Inglaterra va viento en popa, pero algunos critican algunas de sus prácticas empresariales.
Según el diario The Independent, el heredero del trono británico convirtió hace ya veinte años la gran granja de su propiedad, la Duchy Home Farm, en Highgrove, condado de Gloucester, a la agricultura biológica, lo que entrañaba una renuncia a los fertilizantes agroquímicos.
Cinco años después, lanzaría su marca "Duchy Originals", cuyo primer producto y todavía el más popular son las galletas de avena, primero, y luego de jengibre, en ambos casos orgánicos.
Posteriormente, la empresa se diversificó en varias direcciones: aguas minerales, helados, jamón, salchichas, panes especialmente preparados y otros. La fórmula ha sido todo un éxito a juzgar por las cifras de negocio: más de 70 millones y medio de dólares.
Al mismo tiempo han comenzado a oírse algunas críticas como la de la especialista en gastronomía Rose Prince, autora del libro The Savvy Schopper, quien se queja de que muy pocas de las cosas que se venden bajo la marca "Duchy Originals" procede de la granja original.
