Si está buscando un traje Hugo Boss y resulta que está en Kabul, las tiendas Hamed pueden ser el lugar para usted. A 200 dólares cada uno, los trajes que prolijamente cuelgan de los percheros en la tienda son mucho más baratos que en Occidente. El propietario Mohammad Rafi insiste en que son auténticos, importados de Turquía y Dubai.
Los trajes, las camisas de 14 dólares y las corbatas de ocho dólares también simbolizan la creciente brecha en la riqueza en Afganistán, donde el 70% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza con menos de dos dólares al día. "Es como sucede en todas partes", dijo Rafi de 32 años encogiéndose de hombros de manera fatalista. "Tienes a los ricos y a los pobres, pero debes seguir haciendo negocios".
Rafi paga cinco mil 50 dólares al mes de alquiler por su tienda en el Kabul City Centre, el centro comercial más elegante de la capital y hogar de negocios que venden carísimas prendas, joyerías, artículos electrónicos y zapatos de marca.
El centro comercial abrió hace 18 meses, en mejores tiempos para Afganistán, y está a un mundo de distancia de las polvorientas calles del exterior. Los guardias registran a los visitantes que pasan por un detector de metales, pero ellos también impiden que todos los afganos, excepto los mejores vestidos, ingresen al interior de mármol y vidro.

