Alberto Gallardo quien por 47 años fue barbero de la popular barbería Al Rape del cruce de Tocumen, de la que ahora es dueño, comenta que una de las razones que ha influido en que la magia de las barberías vaya desapareciendo, es que la gente confunde el servicio que se brinda en una barbería tradicional con el que se da en los llamados salones de belleza unisex y barberías ubicadas al aire libre en donde atienden "de manera impersonal y poco familiar a hombres y mujeres".
Argumenta que las barberías de antes eran como un club privado para hombres, donde el servicio se centraba en el corte de cabello, el afeitado y, en casos muy especiales, la limpieza facial, mejor conocida entonces como "el masaje". "No teníamos que ver con peinados, eso lo hacen los estilistas. Nosotros teníamos que concentrarnos en aprender a la perfección cuál era el corte popular del momento, como cuando Elvis Presley puso de moda el corte bajo a los lados de la oreja, acompañado de un gran copete de cabello en la corona de la cabeza, o cuando todos querían lucir una patilla seductora".
Otra cosa que influyó, según Gallardo, fue el cambio de los utensilios tradiciones del barbero, que aunque se miren como comunes le daban el toque especial al proceso de afeitado. Por ejemplo, la navaja que se afilaba frente al cliente en una piedra o en una larga correa que colgaba de la silla giratoria, los olores característicos de las cremas de afeitar o la colonia, que para aquella época era la misma porque no había mucho de dónde escoger.
Sin embargo, el primer y más severo golpe que sufrieron las barberías tradicionales fue para los años 60 y 70 que todo mundo quería ser hippie. "Los que más iban tras esta moda eran los jóvenes, pero los adultos, al tiempo, resolvieron no quedarse atrás; por eso es que muchas barberías quebraron".
Por su parte Benedicto González, de la barbería La Popular de Calidonia –la cual tiene 72 años–, comenta que la poca relación padre e hijo también es un factor importante. "Yo llegué a atender hasta cuatro generaciones de una familia, y era porque los padres llevaban a sus hijos desde chicos para que uno les cortara su primer mechón de cabello. Con esto era como si los papás hicieran parte a sus hijos de su pequeño espacio, o su escondite".
Aunque se ha perdido bastante la esencia de las barberías, los tres barberos coinciden en que esta profesión vivirá, mientras exista un barbero armado con sus tijeras, peinilla y máquina de afeitar.
