HASTA LUEGO. La semana pasada, Patricia, mi amiga europea, partía al norte a buscar buena fortuna y la "chotié" para que nos reuniéramos un rato el viernes con las amigas y echáramos cuentos. Sí, me encontraba en plan sosegado, no estaba de humor para nada extremo.
No había nada que ahogar. Mis penas y desamores, archivados.Sucede que ese día en las calles casi no había guardia (por lo de la cumbre, deduje); circunstancia un poco peligrosa si decides ir al Casco Viejo. So what?El destino: Macarena.Nuestro amigo Rolandito, que hace unas semanas se mudó a un país sureño, lo recuerda con cariño y cae en una especie de ensoñación cuando se le menciona.Ejemplo: Al enterarse de nuestros planes, nos llamó por celular (qué impulsivo y qué platudo, ¿no?)"No, Macarena no... Ese lugar me encanta. Voy a llorar, me encanta... Y una que otra vez llevé algún ‘paysillo’...
Ya verán, cuando lleguen, que ‘todo me acuerda a ti’. Tiene mi esencia, mi olor...". Sí, Rolandito es egomaniaco.Media hora después, vuelve a llamar: "Les digo que ese lugar tiene buco buena onda... Así, medio tenue la luz, para ir con un ‘pay’. Eso de ir entre mujeres, menos cuando no estoy yo, el objeto del deseo, qué va... Pero bueno. A mí el lugar me encanta. Como dije, a más de un ‘pay’ llevé. Y más de una emborraché, con mis encantos... claro... Sé que algunas no me pueden olvidar... Es especial para ir en pareja. Disfrútenlo sin mí...", se lamentó y rompió en sollozos durante la llamada. Qué lloriqueo más caro.
En fin. Después de mucho jaleo solo fuimos la gótica de Montserrat, el novio de Patricia, Patricio (¿qué te puedo decir? una coincidencia freaky) y yo.Invitamos a un "pasiero" músico que a último momento se echó porque "no quería ir a un bar, prefería un lugar tranquilo para conversar".Eso fue lo que encontramos. Se lo perdió.
EL LUGAR. Como les decía, por lo de la cumbre no había tanto tráfico, pero les advierto que el parking está difícil con el Take Five a la vuelta de la esquina, el Mostaza, y otro restaurante que no me acuerdo cómo se llama. Hay varios "bien cuidaos" que son bastante colaboradores. Se me había olvidado que en marzo leí una reseña del restaurante advirtiendo que el servicio era lento, pero los meseros "rápidamente" nos lo recordaron.Estuvieron atentos cuando estábamos afuera decidiéndonos si entrábamos o no. Pero luego nos regañaron por sentarnos en el área restaurante (el lounge/bar estaba lleno, tampoco es muy grande, solo había espacio para unas cuatro mesas, plus unas 4 ó 5 sillas en el bar).Así que nos movimos al área de restaurante que, tal cual, Rolandito nos contó es íntima y acogedora.
Como tiene la temática ibérica, queríamos pedir un vinito. Pero aparentemente nos dieron una carta vieja, se dieron cuenta, nos la quitaron y desaparecieron. Tic, toc, tic, toc....Zzzzzzz....Aparece de nuevo un mesero con la carta nueva, pero tenía precios por botella; nos dijeron que podíamos pedir por copa.Cool, ordenamos... y luego el mesero dice que solo dan copas de ciertos vinos.Okay, pedimos una copa de Marqués de Riscal ($3.75).Al otro lado de la mesa, entre bechos, abachos y apretujones, Patricio pidió un vodka tonic ($4) y Patricia una margarita ($5). Montserrat pidió un amaretto sour ($5).No podían faltar las tapas. Excepcional fue el chorizo preparado con vino y cebollas.
La parte de la cebollas no la anunciaron en el menú y Montserrat quedó disgustadísima. Ella siempre tiene "plan" posterior y no quiere que cebollas, ajos o sus familiares le dañen su noche.Las papas bravas vienen en cubitos con una salsa picante mild, y la tortilla española viene tamaño "un poco más grande que una tortilla de maíz panameña".A todo esto, amenizaba la noche el guitarrista Champaña, quien terminó de internacionalizar el ambiente con su jazz tropical.Nos quedamos un par de horas y fue placentero. Es un refugio para los eternamente sosegados, enamorados, conversones, etc. que detestan el escándalo de una discoteca y locales similares.

