Cuando yo era chica, en Panamá no existían los zucchini. Simplemente a nadie, excepto al ocasional weekend farmer de El Valle, se le había ocurrido traer semilla ni cultivarlo.
Recuerdo que la primera vez que vi un zucchini lo confundí con un pepino, porque físicamente se parecen, amén de que ambos son cucurbitáceos.
Extraño también es el hecho de que a pesar de que en muchas partes se le llama calabacín de verano, en realidad se pueden cultivar durante todo el año.
Elizabeth Schneider, en su libro Vegetables, from Amaranth to Zucchini, parece intimar que el calabacín (llamado zucchini en italiano y courgette en francés, todos tres diminutivos respectivos de calabaza, zucca y courge), es procedente del Nuevo Mundo, al parecer de origen mesoamericano, ya que algunas fuentes indican que se cultiva la variedad tatume desde 7000 a.C.
Me parece significativo el parecido entre la palabra tatume y nuestro término "totuma" ya que, como sabemos, la totuma se elabora con calabazas.
La evidencia empírica sugiere que fueron llevados a España en los galeones de Carlos V y entrado a Italia, como el tomate, por vía de Nápoles (en el entonces parte del imperio Habsburgo), ya que en 1883, el autor francés Vilmorin-Andrieux dice que su nombre en italiano es cocozello di Napoli.
En todo caso, el zucchini clásico es tierno, de unas seis pulgadas de largo, de carne blanca, semilla suave y menuda y piel de un color verde oscuro. También existe una variedad dorada y, muchas veces, se cosecha enano.
Su flor es comestible y, al igual que el tomate, las dos culturas que han hecho de su consumo un arte son: la mexicana y la italiana.
Los mexicanos, por excelencia, la trocean para usar en sopa ("huy, sopa de flor de calabaza, yam yam") o dentro de tacos, y no hay placer más sublime, excepto tal vez una flor de calabaza a la italiana, rellena de ricotta, rebozada y frita. Con una buena copa de Barolo, por supuesto.
Vea Parece pepino, sin embargo, no lo es
