El que esperaba ver un concierto de "soldaditos", se encontró con algo totalmente distinto. Aunque los Niños Cantores de Viena, que se presentaron el sábado, son disciplinados y dominan el escenario con una coordinación de voces impresionante, no pierden la chispa típica de los más pequeños: unos reían, otros se movían de un lado para otro, otros hacían muecas, otros se rascaban, y los demás se burlaban cuando el compañerito cantaba.
El evento, denominado "Un concierto por la paz y los derechos humanos de la niñez", comenzó a las 8:00 p.m. con la presentación de cuatro parejas del Ballet Folclórico de la Alcaldía de Panamá, que interpretaron El punto. Les siguieron cinco parejas más jóvenes que bailaron Pollera colorada y Qué Viva Panamá con un ánimo tan arrollador que hizo que el público panameño, no acostumbrado al silencio, prestara atención.
Contrario a lo que se suele ver en las actividades culturales, entre el público, que llenaba buena parte del Anayansi, había desde bebés hasta viejos.
A las 8:15 p.m. salieron al escenario los 24 cantores, de entre 10 y 14 años, procedentes de países europeos, y casi todos parecidos a Daniel el Travieso. Los acompañaba su joven y carismático director, Andy Icochea, quien se tomó el trabajo de explicar la procedencia de cada canción interpretada.
Dividido en cuatro sesiones (música clásica, religiosa, europea y folclórica de Austria) cantaron, entre otras, composiciones de Michael Haydn, Wolfgang Mozart, William Blake y Johann Strauss. Con broche de oro se despidieron con el tema panameño Alevántate muchacho. "Se la aprendieron en el intermedio", se disculpó el director.
"Tenía la opción de venir al concierto o ir a la casa de mi abuela. Vine al concierto y no me arrepiento de mi decisión", comentó Gabriel García de Paredes, de 12 años.
Icochea pidió al público, en varias ocasiones, apagar el celular. Al final de la noche, entre los mismos asistentes se pedían silencio.
