Los fósiles hallados en sitios arqueológicos de Panamá, como Bucarú, en la península de Azuero; en la formación Gatún, cerca de Sabanitas, en la provincia de Colón; y en el Archipiélago de Las Perlas, son testigos de la formación del istmo, que comenzó hace unos 10 millones de años.
En Gatún, explica el biólogo malacólogo Félix Rodríguez, del Centro de Paleo- ecología y Arqueología Tropical del Instituto Smithsonian, los fósiles revelan que hace 10 millones de años había una alta productividad en ese sitio y la mayoría de los moluscos eran filtradores, aunque también había depredadores y herbívoros.
A medida que el istmo se cerraba, hace unos cinco millones de años, la fauna fue cambiando. Al tiempo que se formaban los arrecifes en el Caribe, en Cayo de Agua, Bocas del Toro, los moluscos que predominaban eran del género Strombus y Conus, asociados a esos ecosistemas. También se dio la separación de especies y la extinción de algunas, como los caracoles de los géneros Turritela, en el Caribe.
En una gira realizada en 2005 en Burica, los científicos hallaron una sucesión de placas por 20 kilómetros, donde se evidencia que hubo una mezcla de fauna, con ejemplares de aguas poco profundas y organismos de aguas muy profundas, relata Rodríguez.
EXTINCIÓN Y REPOBLACIÓN
A pesar de ser organismos muy antiguos, la sobrecaptura y la destrucción de los hábitats de los moluscos inciden en sus poblaciones. En la época colonial eran abundantes las ostras y se comenzó a explotar la producción de perlas en el Pacífico. Alrededor de 1940, sus poblaciones colapsaron.
Hoy día, la cambombia (Strombus gigas) es una de las pocas especies de moluscos que está en peligro de extinción. Según el biólogo, en Bocas del Toro se encuentran restos acumulados de conchas de Strombus, la mayoría juveniles, lo que afecta sus poblaciones porque aunque una hembra puede poner 400 mil huevecillos, en promedio, solo unos 25 llegan a su estado adulto, que toma entre cuatro y seis años.
En el Pacífico hoy día existen especies como la concha negra y almejas, asociadas a los manglares. Pero, advierte Rodríguez, al devastar estos ecosistemas, estas y otras especies podrían desaparecer.
¿Qué tan factible sería criar moluscos para uso comercial, en vez de extraerlos de la naturaleza? El científico explica que en el caso del Strombus gigas se hizo un intento, pero la producción fue muy baja y no rentable.
También está la alternativa de introducir especies para repoblar. Hace unos años, narra el experto, se trajeron ostras de México para repoblar zonas en Azuero, pero hubo problemas porque un molusco depredador se comía estas poblaciones.
“Hay que saber qué se va a hacer y cómo. Se deben hacer estudios, analizar la biología de estos animales, ver si es o no factible. No se recomienda repoblar, sino crear vedas, esto da mejores resultados que criar animales”.



