Una sepultura canina prehistórica revela nuevos detalles sobre la antigüedad del cariño entre el ser humano y el perro, que hace ya 8 mil años era enterrado con ritos funerarios en la Península Ibérica.
La tumba es la más antigua encontrada en el sur de Europa y sus restos constatan la existencia de ceremonias fúnebres dedicadas a ese animal doméstico.
Los enterramientos de perros ya se habían localizado en Europa, pero nunca en la Península Ibérica.
En la sepultura se ha encontrado, entre otros restos, una cubierta de conchas construida con precisión que confirma el valor simbólico que se daba al perro.
