Carol Zardetto residió por unos meses en Nueva York. Para mayores señas, en la calle 13, en el East Village, donde casualmente se rodaron un par de escenas del drama urbano Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese.
Su apartamento estaba cerca de la New York Film Academy, donde esta escritora guatemalteca recibía un curso de guion cinematográfico, las mismas clases que también toma Felipe, el personaje central de su más reciente novela: La ciudad de los minotauros (Alfaguara).
Para esta abogada de profesión, la Gran Manzana le permitía estudiar una contrapuesta mezcla de identidades, idiomas, ideologías y realidades, un terreno innegable de lo que ella denominada “una ciudad global”.
“Porque las grandes ciudades son lugares de intercambio humano. Han sido siempre la expresión de la globalización, desde la antigua Roma, París o Nueva York”, señala esta autora de cuentos y ensayos, tanto literarios como políticos.
Se trata de una globalización que “provoca la concentración de la riqueza, la cultura, la acción humana, en un centro que llamamos ciudad, y que genera la posibilidad de narrativas infinitas”.
Porque como dice Carol Zardetto en su citada pieza narrativa: “toda gran ciudad es como un carrusel. Unos suben y otros bajan, aportando y llevándose consigo un desfile de fantasmas”.
Por eso, le interesan “las huellas de la ciudad en la gente y las huellas que la gente deja en la ciudad”.
Porque eso es lo que le pasa a Felipe cuando está inmerso en esa inmensa Nueva York. Él, como cualquier inmigrante, se desentiende de su patria, a veces por ambición, en otras por desesperación y unas más porque se siente expulsado de su propio país, y en ese nuevo terreno físico y emocional descubre horizontes más amplios.
Nueva York y su dicotomía
Carol Zardetto decidió desarrollar su novela La ciudad de los minotauros en Nueva York, porque la Gran Manzana pasaba a ser “un pequeño apartamento sin fronteras y las posibilidades que eso implicaba en términos de la construcción de una relación fantasmal”.
Cuando vivió en Nueva York fue meses después de la Guerra de Irak. “Fue un momento interesante para estar allá, pues había mucha resistencia al fascismo que pretendía imponer sobre la sociedad norteamericana el presidente George Bush. Todo basado en el miedo”.
-¿Qué le gusta más de Nueva York?
La dictomía: Nueva York es una ciudad construida alrededor de sus barrios, donde la vida es muy cálida y benevolente. Pero uno puede salir a otra dimensión de la ciudad donde se mueven las masas anónimas. Me gusta su energía y, sobre todo, la sensación de libertad que brinda el anonimato.
-¿Cómo fue su relación con los residentes?
Benevolente. La gente en Nueva York es amable, cuando uno logra tener con ellos un nivel de intimidad. En todo caso, el curso de cine era muy apretado y necesitaba de mucho encierro y dedicación. Cuando salía a la calle, disfrutaba de la relación informal con la gente. Los parques, los espectáculos callejeros, los cafés y restaurantes cotidianos, porque uno nunca cocina en Nueva York. Allí se abren ventanas inusitadas de intimidad que permiten pensar que la gente no es extraña.
-Nueva York es protagonista de tantas novelas. ¿Cuáles son sus favoritas?
Me encanta Trilogía de Nueva York, de Paul Auster; la obra de Truman Capote, un hijo de New York por elección propia; la obra poética de Walt Whitman, que se llamaba a sí mismo ‘el hijo de Manhattan’... Nueva York es el Aleph de Borges, la gran biblioteca de la experiencia cultural de la humanidad.
-¿Cuántos guatemaltecos residen en Estados Unidos?
No me especializo en las cifras. Pero una que me pareció interesante, es que en los últimos años, la migración hacia Estados Unidos ha aumentado un 800%. Es un horror.
-¿Qué lleva al centroamericano a trasladarse a Estados Unidos?
La violencia económica, que es la madre de todas las violencias.
-¿Qué opina de las declaraciones antiinmigrantes del candidato republicano Donald Trump?
El fascismo es un rasgo oscuro de la humanidad y encarna en diversos personajes a lo largo de los tiempos. La humanidad ya conoce a dónde lleva el apostar por un ególatra fascista. Espero que las lecciones aprendidas permitan al pueblo norteamericano usar su poder ciudadano con sabiduría.
-¿Piensa que el presidente Barack Obama ha hecho lo suficiente en materia de inmigración?
No creo que la inmigración tenga soluciones satisfactorias mientras sigamos manejando un esquema de fronteras. Las fronteras son una amarga limitación al impulso natural de movilidad humana. Las fronteras provocan violencia de la más variada índole.
-¿Cree que la candidata demócrata Hillary Clinton manejará de forma adecuada la inmigración?
Guatemala es un país que ha estado expulsando a sus ciudadanos por falta de acción del Estado y por una política económica excluyente. La política migratoria de Estados Unidos no me interesa tanto como las políticas de Guatemala para ofrecer oportunidades y un buen vivir a sus ciudadanos.
-Si los centroamericanos deciden irse de sus países, ¿de alguna manera sus propios países les han fallado?
En Guatemala, por ejemplo, el Estado se ha vuelto inexistente. No existe una estrategia para construir la Nación. Estamos librados a los poderes económicos más recalcitrantes y egoístas que no tienen ningún compromiso con el país. El sistema económico es egoísta, antiecológico y deshumanizado.
