Pisos de madera decorados son secuencias geométricas, olor a tabaco y música guajira que fluye desde la bocina de una radio ronca. El motivo de la visita a Casasola, un espacio cultural ubicado frente a la Plaza de Francia en Casco Antiguo, en primera instancia, es la exposición fotográfica de Venancio Díaz Maique, pero una vez se pisa el interior de dicho recinto, el visitante se traslada a la isla cubana. No solo las fotografías impresionan, también las pertenencias originales del bien llamado “maestro de la [cámara] Leica”, reclaman su atención.
Se trata de una exposición que resume “La Revolución fotográfica de Venancio Díaz Maique”, quien logró posicionarse durante 35 años de carrera en estos menesteres como el fotógrafo cubano más relevante del siglo XX.
Aunque Díaz Maique fungió como fotógrafo personal de líder cubano Fidel Castro durante la revolución y su lente fue testigo de momentos históricos, la muestra no se concentra en este elemento, sino en su trabajo como documentalista de la vida cotidiana cubana entre 1940 y 1970.
Realizadores
Para la exposición hubo una curaduría de aproximadamente 7 mil negativos originales [rollos de películas fotográficas] de escenas captadas por Díaz Maique desde su Leica. El material fue prestado por Michael Kreymeier, un coleccionista polaco que adquirió de la familia Díaz Maique (posterior a la muerte del fotógrafo en 2003), la valiosa colección de 35 años de su labor.

En Casasola se imprimieron a través del laboratorio in situ The Fine Art Print, 24 imágenes inéditas seleccionadas para mostrarlas en la exposición.
Hay adicionalmente “14 ejemplares originales de fotografías vintage print, las cuales fueron impresas entre el primer o el segundo año después de su captura y datan más de 15 años”, explica el artista residente de Casasola, Miguel Lombardo, mientras guía a los visitantes por los pasillos de la residencia de paredes verdes, con intervenciones de desgastes o manchas por el uso, diseñadas a propósito para darle al espacio un aspecto de habitado.


“Es la primera vez que se exhiben estas fotos fuera del territorio cubano”, recalca Lombardo acerca de la importancia de esta muestra, mientras explica la intención detrás de una imagen de 1948 que magnifica la palabra “lógico” y debajo posa una niña, que en resumidas cuentas es la hija de Venancio en la salida del zoológico.
Díaz Maique fue reconocido tanto en Cuba como en la esfera internacional por sus fotos. España lo premió por su obra Salen al camino dos carretas, en 1948; Hungría por Llevan la luz, en 1962; y ese mismo año Rumanía lo galardonó por su imagen bautizada El retrato. Dedicó sus trabajos a las portadas de la revista Bohemia y a la agencia Prensa Latina. El fotorreportero tuvo la oportunidad de viajar (por su posición como fotógrafo de Castro) a Montreal, a la antigua URSS, a Alemania y a la otrora Checoslovaquia, y aunque nunca estuvo entre sus destinos venir a Panamá, sí le hizo fotografías a Omar Torrijos Herrera cuando este iba a la isla. Otros personajes políticos retratados por el maestro fueron Raúl Castro, Che Guevara, Camilo Cienfuegos y Leonid Brezhnev.
“Más que un fotógrafo yo diría que Venancio Díaz Maique era un cronista por la forma en que estaba documentando todo en Cuba, desde la vida cotidiana hasta los grandes eventos sociales o culturales”, añade Lombardo, quien comparte los créditos de la adaptación cubana de Casasola junto a su colega Ian Chang.
En las paredes de la casa que simula una residencia en Cuba, los cuadros son las obras de Díaz Maique, algunos de ellos con un contexto histórico (hay uno que ilustra el cambio de dólares americanos por monedas nacionales en Guanajay, Cuba, 1960) o artístico como la presentación de los bailarines del Ballet Nacional de Cuba, Martha García y Rodolfo Méndez, o bien, la bailarina Alicia Alonso, mientras ensayaba.


El comedor ha sido decorado tal como lucía el original del fotorreportero en una instantánea que reposa sobre la mesa. El mobiliario fue escogido de acuerdo a la época, sillas de madera rústica, línea blanca básica (estufa y refrigeradora) de antaño.
La licencia de conducir de Venancio, su correspondencia, sus gafas, su caja para conservar las hojas del tabaco junto a su equipo de trabajo, la cámara fotográfica, forman parte de la exhibición.
En la habitación, con una cama sencilla, también se introdujo un cuarto oscuro (sitio donde usualmente se practicaban los revelados de las fotos), y una gran cantidad de diplomas y reconocimiento tapizan las paredes donde se aparta la luz con una gruesa cortina.
Casasola, ubicada en el primer alto, arriba del café Dodó frente a la Plaza de Francia en Casco Antiguo, mantendrá la exposición hasta finales de noviembre, y ofrece sesiones guiadas de una hora (de lunes a sábado), para mejor comprensión de la muestra, entre 11:00 a.m. y 8:00 p.m. Al final del recorrido, los visitantes pueden hacer una contribución monetaria si lo desean.












