Piense en las fiestas patrias y las de fin de año. Bien, pero también deténgase a meditar sobre el medio ambiente. El cuidado de la naturaleza también debe formar parte de los desfiles, de la mesa de Navidad y en la lista de los regalos incluir a la Tierra.
En una sociedad de consumo, las personas se vuelcan a las compras sin miramientos. Los almacenes aumentan su inventario y, en los semáforos, los vendedores ambulantes aprovechan la época para ofrecer artículos alusivos al momento. Toda una cadena económica que tiene como corolario la acumulación de basura.
Según estadísticas de la Dirección Metropolitana de Aseo Urbano y Domiciliario, cada mes se recogen unas mil 500 toneladas de basura, pero en diciembre el volumen puede alcanzar las 2 mil toneladas.
Desechos que en algunos casos terminan primero en los ríos y luego en el mar, con todo el daño ecológico que producen los desechos no biodegradables.
¿Cómo evitar esta realidad? El tema es complejo, porque pasa por un proceso de educación y una política de Estado en materia de recolección y tratamiento de los desechos sólidos.
Individualmente, se pueden hacer muchas cosas para disminuir desechos. Por ejemplo, evitar la mala práctica de tomar soda con carrizo. Sencillo.
Además del aluminio, del que está hecho la lata de soda, se agrega el plástico del carrizo. Ambos materiales no son biodegradables y al consumirlos terminan en la calle que, por las deficiencias del servicio de recolección de basura de la ciudad, es probable que vayan a parar al mar.
La idea no es dejar de tomar soda, sino dejar de usar el carrizo que es, en muchas ocasiones, innecesario para ingerir la bebida.
El plástico tarda entre 100 y mil años en biodegradarse y el aluminio supera los mil años.
