PREPARATIVOS. FIESTAS DE FIN DE AÑO.

Cifras y villancicos

Como si se tratara de ‘King Kong’, ‘La pasión de Cristo’ o cualquier otra película de la cual ya sabemos el final sin haberla visto, de antemano los panameños ya tienen una idea clara de cómo va a terminar cada fin de año. Es la misma estresante y divertida historia de siempre.

Cifras y villancicos
Cifras y villancicos

Huele a sudor, "a nuevo", a arbolitos, a carne en palito, a Navidad; hay murmullos, villancicos, niños pidiendo, padres regañando, gritos de ofertas. La Central y los malls están llenos, todos lo saben, pero aún así van para allá. Es el estrés navideño del que tanto se queja y que tanto disfruta el panameño.

Pero el estrés de fin de año es una cadena: el comprador se estresa, el dependiente se estresa, los dueños de los establecimientos se estresan, y así. Por consiguiente hasta Santa Claus se estresa.

Y como no, si cada papá Noel recibe al día en promedio 30 niños que pueden tomarse una fotografía con el "señor gordo de los regalos", y de paso contarle en persona qué es lo que quieren en Navidad.

"¡Los fines de semana es peor!", dijo uno de los ayudantes de Santa en un centro comercial. "A veces hay más de 100 niños los sábados y domingos". En fin de año hasta los elfos se estresan.

Lo que no estresa para nada es el panorama. En parques públicos, centros comerciales y hasta en hoteles hay arbolitos que alegran la vista.

Ubicado atrás de la silla de Santa, en Albrook Mall, hay un "arbolito" importado que mide 11 metros de altura. Para decorarlo se requirieron unos 25 mil foquitos y alrededor de 5 mil adornos entre peluches, bolas, cintas y mariposas.

El público lo disfruta, pero el estrés lo tuvieron los trabajadores que por semana y media trabajaron 24 horas al día con una grúa para armarlo.

Pero Navidad es más que arbolitos y Santas. Desfiguradamente, el sentido más arraigado a estas fechas es la entrega de regalos, lo cual estresa a la mayoría de los dependientes, sobre todo de las jugueterías.

"Por lo general envolvemos al día más de mil o mil 500 regalos" dijo Nereida Arcia, del departamento de juguetería de Felix B. Maduro en Multiplaza. "Hay gente que viene y manda a envolver hasta 60 paquetes de un solo golpe".

Más allá del puente también el estrés navideño hace de las suyas y se envuelve en hoja de bijao en la barriada San José, en Chiriquí, en la casa de Edith Ñeco Ortíz. "Este año han bajado los pedidos de tamales. Solo me han encargado 500 tamales, entre maíz viejo y nuevo; entre pollo y puerco". Para ella, al menos, el estrés bajó.

Aunque también bajó para Noemi Koo, quien desde 1991 se dedica a preparar ponche navideño. Con un tono cansado, Koo dijo que por lo general reparte más de 7 mil botellas, pero este año espera que lleguen a las 5 mil ó 6 mil.

Multitud, regalos de última hora, tranques y dolores de cabeza. Este es el único estrés que sí disfruta el panameño.


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