Fue desde Colombia, país que siempre ha influido en la estructuración a todos los niveles del proceso educacional de Panamá, que a fines del siglo XIX llegaron hasta acá doña Ana Ucrós, acompañada de sus hijas Marina, Teresa y Josefa.
La madre junto a la primera de ellas, que en esos tiempos tan solo tenía 16 años de edad, fundaron un colegio para niños y niñas, al cual llamaron San José. Para mayor exactitud, esto se llevó a cabo en 1889.
Fue el joven Ricardo Abel Arango, cuyo padre llevó el mismo primer nombre, el primer alumno que las educadoras colombianas tuvieron acá en nuestro país.
En sus inicios, tan solo se dedicaron a la educación primaria con un número de alrededor de 20 alumnos, que muy pronto llegaron a tener.
Como la escuelita era mixta en sus inicios, ello le valió las críticas que nunca faltan y que se materializó en la fundación por otras personas de una también pequeña institución exclusiva para niños para evitar, según aquellos mal pensantes, la mezcla dañina que de la mixtificación pudiera surgir.
Y la campaña en contra de varones y niñas juntos estudiando, hizo que las Ucrós tuviesen que continuar su labor exclusivamente con alumnas.
Dora H. Arosemena, Natividad Cervera, Ángel M. Herrera, Santos Jorge, Abel Bravo y el padre Bernardino también pronto quedaron encargados de la enseñanza del inglés, por primera vez aquí, de piano, de castellano, de canto, de religión y matemáticas.
Mas otra nueva y maligna campaña se vio pronto nacer. El colegio de las Ucrós fue acusado de liberal, ¡qué horror! Y muchos niños mal guiados por sus padres abandonaron la cada vez más exitosa institución.
Pero, a su vez, muchos colegios de inspiración conservadora lograron buenas subvenciones en metálico por parte del Gobierno. Las Ucrós consiguieron 200 pesos, con los cuales lograron pagar un nuevo local a cambio de conceder becas a 15 niñas para estudiar.
El número de alumnos del Colegio San José fue creciendo cada vez más, y pronto ya llegaba a los 100.
En 1907, el San José ocupó su nuevo y más cómodo local en la Avenida Norte del Casco Antiguo de la capital. Y continuaban las acciones para impedir que consiguiera ayuda gubernamental por parte de los enemigos.
Marina Ucrós no vacilaba en proclamar que fue Pablo Arosemena el presidente de la República que quizás más la quería ayudar. Belisario Porras, pensando en quitarse de encima tanta animadversión, cortó toda ayuda monetaria nacional a los colegios. Nuevos obstáculos surgieron cuando comenzaron a aparecer las Escuelas Normales Oficiales en la nación.
Pero el Colegio San José continuó, y sus nuevos éxitos no se hicieron esperar. En vez de pensar en formación de maestros, se pensó en incrementar una orientación hacia la educación comercial. En 1939 el colegio, habiendo cumplido 50 años de continua labor, decidió clausurar la beneficiosa institución.
Textos: Harry Castro Stanziola Fotografías: Procesadas por Ricardo López Arias Comentarios: vivir+@prensa.com



