La teoría de que el chocolate estimula el cerebro debe ser cierta. En el mundo publicitario, este producto ha demostrado tener una magia especial para los creativos.
En Cannes, el más importante festival de publicidad del mundo, el Grand Prix se lo llevó en 2007 un anuncio del chocolate Gorila, de Cadbury, que replanteó los sentidos sobre los que tiene efecto el chocolate, dejando de lado el plano sensual para proponer vivir con pasión.
En 2008 y 2009, también fueron los comerciales de chocolate los que arrasaron en el Cannes: uno de Axe, que lanzaba al mercado un desodorante con fragancia de chocolate, y uno de Cadbury con PlayStation, que comparaba el valor del chocolate con las acciones de la persona mediante una especie de “chocolatómetro”.
También en otros concursos importantes -el Ojo Iberoamérica y el Caribe- los premios han recaído sobre anuncios de chocolate.
“El mensaje publicitario del chocolate ha estado cimentado en el efecto que tiene sobre el estado de ánimo, estimulando la alegría en algunos y la libido en otros, pero siempre complaciendo a sus consumidores”, opina Roberto Franco, dueño de la publicitaria Señor Franco.
Con él coincide Carlos Obando, de Q Publicidad. “El chocolate estimula la creatividad en los mensajes publicitarios, generando ideas entretenidas. El producto mismo tiene una carga de ilusión importante”, sostiene. Él asegura que “cualquier campaña de chocolate es sabrosa, porque se trabaja bajo la perspectiva de las emociones y no de la razón”.
En otros países, como Venezuela y Colombia, las marcas de sus chocolates Savoy y Jet son casi símbolos patrios. Para los panameños, el chocolate no forma parte de su acervo cultural.
Germán White, director creativo de Publicis Fergo, explica que “el panameño en particular no es un gran consumidor de chocolate [local], porque ha crecido con las barras americanas”.
