Ulises Urrutia lleva 14 años vendiendo artesanías en un pequeño espacio que alquila en el Mercado de Artesanías de Panamá Viejo.
Con tantos años de experiencia, Ulises ya sabe qué buscan los turistas estadounidenses, canadienses y hasta los japoneses.
Aunque sus pinturas representan su mayor ingreso, Ulises reconoce que existen otras artesanías cuyas ventas han experimentado un auge en los últimos años. “La venta de tagua se ha incrementado bastante”, cuenta, “pero lo que me molesta es que están importando tagua tallada industrialmente de Colombia o Ecuador. Luego les pintan la palabra Panamá y las venden como si fuesen de aquí”, agrega molesto.
Augusto Flaco, un vendedor de artesanías hechas por una cooperativa, Wounaan del Darién, de más de 80 indígenas, concuerda con Ulises al sostener: “aquí lo que más vendo son las canastas de paja de diseños simétricos, los animales tallados en tagua y las figuras talladas en cocobolo, pero como el precio de la tagua depende de la calidad del tallado y el tamaño, a veces es difícil competir contra los que tienen tagua tallada a máquina”.
Sin embargo, hay otros vendedores a quienes la competencia no parece importarles. Vendedores como Jonathan Chamorro, aprovechan la comparación entre los productos nacionales y los importados.
“En comparación con los años anteriores se vende más la tagua. Y es que se ha vuelto muy famosa porque en ningún otro lugar del mundo la trabajan como aquí: a mano”, expone.
De todas las artesanías, lo que más vende Jonathan son las molas, las taguas talladas y las canastas hechas en Darién. Estas tres parecieran ser, además, las artesanías que más compran los más de 1 millón 800 mil turistas –según datos de la Autoridad de Turismo de Panamá– que llegan al istmo para pasear y comprar.

