El especialista en cyber-seguridad Eli Faskha se mantiene conectado a: un celular con Windows movile, una laptop con Wifi e internet inalhámbrico, un ipod y un teléfono con skype, por mencionar algunos de sus aparatos. "Solamente cuando estoy en un avión me desconecto, y ni tanto, porque si me llaman y puedo contestar, lo hago; a mí no me estresa".
Judy Meana, jefa de relaciones públicas de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, al igual que Faskha "adora estar conectada", dice, "para mí es vital, manejo el celular y los correos electrónicos como si fueran mis manos".
Faskha y Meana son la viva representación del ciudadano de la "aldea global", término que inventó en los años 60 el profesor Marshall Mcluhan para pronosticar un mundo donde se acortarían las distancias, gracias a las tecnologías.
Vivir en esa aldea tiene sus ventajas y desventajas, señala el psicólogo clínico especialista en estrés José E. Hurtado.
"Si bien uno adquiere la posibilidad de estar constantemente en contacto, uno también pierde su privacidad. Hay gente que contesta el celular hasta en el baño", cuenta.
Para el ciudadano de la aldea "la conectividad" se convierte en un hábito y no le molesta, pero sí le afecta.
"Muchas veces llegan personas ansiosas a mi consultorio tratando de explicarse por qué dejan de ser productivos, y descubrimos que invierten más tiempo del necesario en atender llamadas o revisar e-mails", dice Hurtado.
PEGADOS AL APARATO
CUÁNDO PONER UN ALTO A LA CONEXIÓN
NO CONTESTAR - Kilda Pitty es una profesora de protocolo que pide evitar contestar el teléfono en: cines, aulas de clase, la iglesia, el teatro, sepelios, conferencias y reuniones de trabajo. En caso de ser necesario tener el teléfono encendido en estos lugares, utilice un tono discreto.
CONSTANTE - Las agendas electrónicas, algunas que incluso tienen teléfono, permiten trabajar en cualquier lugar, sin embargo, por lo menos en las horas dedicadas a la familia y a los amigos deberían dejarse a un lado.
DEMASIADOS CORREOS - El psicólogo clínico José Eloy Hurtado dice que no se puede decir cuál es el tiempo justo para revisar el correo, todo depende de la persona.
Pero considera que uno no debería tardar más de media hora la primera vez que revisa sus mensajes en la mañana. Durante las revisiones que se hacen en el resto del día se debe dedicar mucho menos tiempo a esa labor.
(Vea 9B)